20ª Valle Gordo, Aguasmestas, Marzán en el Viejo Camino de Santiago

20ª Historias y Leyendas El Viejo Camino de Santiago en la provincia de León.
              Rosa Fadón y Rafael Cid


Los peregrinos entramos en el Valle Gordo, es decir en el valle rico.

El Valle Gordo recibe el nombre de su río y la riqueza de su entorno, generosa desde tiempos de los romanos.


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Para continuar nuestro camino los peregrinos del Viejo Camino de Santiago consultamos el libro de nuestra mochila, el “Vexu Kamin” de Julián González, que en el documento de la peregrinación de Leodegundia dice así:
 “Descansamos en el monasterio de Vegarienza…Y continuamos el andar desde Aguasmestas por el Valle Gordo y su calzada con tantos árboles y en su río truchas y donde los montes tienen surcos muy torcidos para que corra el agua, que llaman Cousos”

El documento habla en el año 902 de los canales de extracción del oro y aún hoy están ahí, testigos de una historia que no conviene olvidar.

Antes de marchar de Vegarienza bajamos al río para contemplar las obras de ingeniería romana que el Padre César Morán explica en su libro “Por tierras de León”. En las explotaciones de oro se necesitaba un gran caudal de agua para arrastrar las arenas que contenían el oro, hasta el lugar donde fuera cómodo limpiarlas y recuperar el preciado metal. A veces era más sencillo modificar el cauce del río y limpiar las arenas allí mismo. Así hicieron en Vegarienza, que llevaron el cauce más al norte, por donde el río pasa en la actualidad. La obra se comenzó unos tres kilómetros más arriba, frente a las últimas casas, donde llaman la Vayada, es decir, la valla que pusieron al río para que no se dirigiese como antes junto al monte, sino hacia el este y dejase en seco el antiguo cauce. Después quitaban las piedras grandes y arenas gruesas colocándolas fuera del terreno de aluvión para que no estorbasen. En muchos s quedan como testigos de estas operaciones de ingeniería romana grandes montones de piedras en las proximidades. Las arenas menudas se ponían en una vasija cónica de boca ancha y base estrecha, se llenaba de agua y se agitaba hasta que agua y arenas salían impulsadas por la fuerza centrífuga y las pepitas de oro como más pesadas se quedaban en el fondo. Una labor cansada, pero los bravos omañeses se veían obligados por razón de conquista, pues después de la última casa del pueblo, a la izquierda se levanta un promontorio llamado las Coronas, palabra que significa castro y aquí estaría el poblado sometido, de donde procederían algunos de estos obreros. Se ha dicho que los prerromanos tras ser vencidos por los romanos tenían que trabajar como esclavos para el imperio, pero después llegaron a acuerdos que les concedieron la ciudadanía romana y el compartir los derechos que eso conlleva. De hecho unos pasos más allá, en Aguas Mestas, en la confluencia de los ríos Omaña y Vallegordo hay un panel informativo que habla de la historia del lugar y en él se dice que fue este, un lugar “de decisión para imponerse en régimen de convivencia y no de subordinación al Imperio Romano”.

AguasMestas fue lugar de reunión de los Concejos omañeses y “de decisión para imponerse en régimen de convivencia y no de subordinación al Imperio Romano”.

Era AguasMestas el lugar de reunión de todos los Concejos omañeses celebrada anualmente el lunes de Pascua. Hubo una antigua posada y ahora hay tres casonas en la rotonda que da acceso al cruce de la carretera que sigue a Murias de Paredes y la que lleva al Valle Gordo.

En el panel informativo se da cuenta de esta posada y su importancia en siglos pasados. Fue un punto de parada importante en el “Camino asturiano” que iba de Cangas de Nancea a Artúrica Augusta, la actual Astorga. Por Real Decreto del año 1716 del rey Felipe V se legalizó la Venta como Postas, que permitía llevar y dejar viajeros y sobre todo el correo. Luego se puso en funcionamiento una línea de autobuses, la Línea de Beltrán. Se hizo famosa la Venta, que regía la Sra Perpetua, que sale muy agraciada en la foto del cartel. Herminia y Fernando fueron los últimos venteros, unas personas muy queridas en la comunidad, por sus favores en recoger y entregar mercancías y porque su puerta siempre estuvo abierta para los que la necesitaron.
También se explican otras curiosidades, como el homenaje que en el año 2011 se hizo a Salvador González, nombrándole “Omañés del año”, reconocimiento que se ganó como acordeonista. Desde niño acudió a celebrar las fiestas de los alrededores, tocando sin parar y con tanta maestría, el baile chano, las jotas, valses, tangos, pasodobles..que algunos consideraban que mientras tocaba era capaz de echar “una cabezadita”. Lo mejor de su interpretación fue la jota “La Omañesa” ¡quien pudiera escuchar sus sones!
Con los años ha desaparecido el puente romano y la Venta, pero queda el monumento que han hecho en honor de estas personas.

Seguimos por el río Vallegordo contemplando el bonito puente colgante del molino de Clodoveo. Enseguida está Cirujales donde se aprecia el trazado de la antigua calzada que parte del paraje llamado Los Cousos. Luego Marzán, un pueblo grande. Su ubicación da pistas de explotaciones auríferas, pues se asienta en una zona que se inundaba con la crecida del río Vallegordo, que describe un meandro significativo a su llegada a Marzán. También lo testimonian los cantos rodados que afloraron en las huertas de cuando se realizaron obras de traída del agua. Es decir, que esta zona era una antigua bárzana o barcena, de donde derivó el topónimo Marzán, cuyo origen está ligado al agua. También podemos considerar el antiguo asentamiento castreño, en la zona más alta cerca de la iglesia, cuyo nombre lo delata, pues es conocido como el Casar, en la ladera occidental del valle de Villerín, topónimo que alude a “Villarín”. Aquí se repite lo contado en Vegarienza sobre la extracción del oro.

En Marzán conocimos a Delfina, que ha llegado de Madrid y se apena de no haber estado antes en este lugar paradisíaco que la vio nacer. Nos acompañó a la iglesia, hablando de los santos, de la pila bautismal con sus adornos de ciervos cornudos, pieza labrada que denota gran antigüedad, de la huesera, que recibe los restos del camposanto, de cómo los vecinos arreglaron la iglesia, de las obras inacabadas del cementerio, de la escuela esperando una restauración… En el río nos habló de los canales que suministraban agua a los muchos molinos que había y a la fábrica de la luz. Vimos dos piedras de molino que ahora adornan dos de las fuentes del pueblo. Cruzamos el río, para admirar la famosa fuente que mana al otro lado en la falda de la montaña. Nos dijo que hubo suerte con el puente, que lo restauró la empresa que explotaba una mina de mármol del otro lado del río. A la entrada vimos un humilladero con un viejo crucero de madera, con la concha y flecha del Viejo Camino de Santiago.

La siguiente vez que fuimos a Marzán, Delfina nos presentó a su tío Baudilio. Gran conversador, nos contó muchas curiosidades, habló del S. Cipriano, patrón del pueblo y S. Lorenzo, al que sacaron en procesión el día aquel del incendio. Nos dijo que un hombre exclamó: “Cristu, si no lo quitan, quema él también”. Estaba orgulloso de la riqueza del pueblo, nos habló del Calero, que daba dos carros de cal al día, cuando se reparó el puente de Aguasmestas. Cantaba la gente: “Viva el calero, vivan las cales y vivan las monedas de 100 reales”

En cierta ocasión hubo un gran incendio en Marzán, sacaron a San Lorenzo en procesión para que aplacara las llamas.

Seguimos nuestro peregrinar y llegamos a la ermita de Sta. Ana. Tiene una hermosa leyenda. ¿Os acordáis de aquella historia que ocurrió en Francia, del Abate Sauniere, la dinastía merovingia relacionada con genealogía de Cristo y  Rennes Le Chateau? Se dijo que haciendo obras en la iglesia, el sacerdote encontró unos antiguos pergaminos que le hicieron rico. Parece ser que no fue el único hallazgo de riquezas insospechadas, pues aquí en este rinconcito solitario de nuestra montaña… deteneos y escuchad, porque se cuenta que su sacerdote encontró unos crípticos escritos, que consiguió descifrar y en los que se informaba ¡del lugar donde estaba oculto un tesoro! Para encontrarlo tenía que mirar por el ojo de la cerradura de la puerta de la ermita de Sta Ana. Cumplido el trámite observó una gran piedra blanca al otro lado del río. Excavando allí encontró dos vasijas de oro abandonadas por los romanos. Ahora tiene una puerta nueva y con bombín de llave moderna, así que sólo se podía dejar una limosna en el hueco pertinente y rezar una oración.

Así llegamos a Barrio de la Puente, que fue capital del Concejo, donde nos quedamos a descansar y ya cuando hayamos descansado os contaremos lo que hay por aquí.

Blog de Excursiones de Rafa y Rosi
Blog de Asociación Camino Santiago de León“Pulchra Leonina”

Foto 1: Rafael Cid: Aguas Mestas, puente colgante de Clodoveo.
Foto 2 : Rafael Cid: Pila bautismal de Marzán.
Foto 3: Rafael Cid: montes desde la iglesia de Marzán

Foto 4: Rafael Cid: Ermita de Sta Ana.