Centro de Día S. Andrés del Rabanedo. Camino Francés: Cruz de Ferro- Ponferrada

Llegó el 10 de  Marzo, nuestra “Cuarta Etapa”, Cruz de Ferro – Ponferrada, el día se presenta inmejorable, nos han advertido de la dureza de esta etapa pero el grupo está imparable, es mayor el deseo de hacer el camino que sus obstáculos.  A las ocho de la mañana nuestro mensual reencuentro con nuestras habituales sonrisas, abrazos que te arropan de una manera indescriptible. Así llegamos a la Cruz de Ferro donde cuatro corzos correteando a la ladera de la carretera nos dan la bienvenida. ¡Qué belleza!

Comenzamos nuestro camino con un esplendido sol, apreciando un nuevo contraste en el paisaje. Nos aproximamos al Bierzo, la naturaleza nos va envolviendo con sus colores, sus olores, sus sonidos…. Las señales de otros peregrinos nos muestran el camino y la certeza de no estar solos en esta aventura. 

Nos encontramos con el refugio que nos indica que hemos llegado a Manjarín, lugar peculiar e inolvidable, allí nos paraliza durante unos minutos una serie de carteles indicativos de distintos puntos de peregrinaje, se no va la mirada a “Jerusalén 5.000 km” rápidamente miramos “Santiago 220 km” y proseguimos aliviados.

  Embriagados por el paisaje avanzamos hasta encontrarnos un peregrino sentado en un banco  descansando. Alguien dice: ¡No es de aquí, se parece a Van Gogh!. El peregrino con su pelo y barba pelirroja efectivamente lo parecía; todos le saludaban y le decían: ¡Buen Camino!, y Carmina se detuvo y le dijo: ¿Necesitas algo?. Él respondió: no hablo español y Carmina pensó: ¡no habla español pero me entendió!.


Seguimos en dirección a El Acebo, comenzamos a descender, las conversaciones disminuyen y el silencio se apodera de nosotros, estamos muy pendientes del camino, de los tramos de descenso con piedras, miramos al horizonte y no se ve reseña de ningún pueblo. Seguimos caminando.

 

 Realmente el descenso empieza a mostrarnos su dureza pero igualmente la belleza que entraña el realizarlo. Por fin llegamos a El  Acebo, impresionante la belleza de esta localidad, el sitio y la hora ideal para tomar ese café tan deseado. Nos detenemos un tiempo para disfrutar de sus casas, gentes y animales de compañía e incluso hubo tiempo para que mis chicos del Centro Día fueran al parque a columpiarse y jugar un rato como niños. Realmente lo veo y no lo creo, ¿de dónde sacan tanta energía?. En el fondo  tengo claro de donde.

Es la hora de retomar el camino hasta Riego de Ambrós donde pararemos para hacer la comida. Llegamos sin apenas darnos cuenta y nos encontramos con unas merinas recién esquiladas que salieron a nuestro encuentro y nos indicaron la entrada a este precioso pueblo. Que contrastes, los tejados, la arquitectura, las calles, las iglesias… todo empieza a ser considerablemente distinto de lo que dejamos atrás.  Llega el  momento de la comida, es impresionante, todo el mundo quiere compartir todo con todos ¡y que rico está todo!

En nuestro segundo tramo comenzamos un fuerte descenso, vamos mentalizados pero la belleza de estos kilómetros nos envuelve de tal manera que no podemos parar hasta que llegamos a Molinaseca donde dimos un buen remojón a nuestros pies en las aguas de su río  para recuperar fuerzas y realizar el último tramo hasta Ponferrada.

El intenso calor de la tarde y la dureza de la etapa hizo que los últimos kilómetros fueran realmente duros. Cada uno tuvo que emplear a fondo las fuerzas que le quedaban para dar por concluida la etapa. Llegamos al albergue San Nicolás de Flüe donde nos acogieron maravillosamente, nos mezclamos con otros peregrinos y compartimos cansancio y satisfacción: ¡solo quedan 202 km!.  Sellamos nuestras credenciales y nos hicimos la foto  donde se refleja la satisfacción de haber llegado.

Tres nuevos peregrinos se han incorporado a nuestra aventura y ya somos 32. Esto es signo de que sin quererlo estamos contagiando nuestra ilusión a otras personas. Esto es signo de que nos estamos impregnando de la esencia del camino que da valor a lo verdaderamente importante: la persona, su humanidad, de su solidaridad y el aprendizaje de encontrarse a uno mismo para encontrar a los demás.

Eva García.

Centro de Día S. Andrés del Rabanedo. Camino Francés: Astorga- Rabanal del Camino.

Ha llegado el sábado del mes de Febrero tan esperado por todos nosotros. Salimos de nuestras casas hacia nuestro punto de encuentro en Trobajo del Camino, con una temperatura de siete grados bajo cero, pero con la certeza de que un soleado día nos iba acompañar en nuestro peregrinaje. En nuestras mochilas llevábamos todo lo necesario para realizar nuestra tercera etapa y una gran dosis de entusiasmo que se contagia y crece sin parar. 
Así llegamos en autobús a Astorga, tomamos un café caliente y sin entretenernos más de lo necesario comenzamos a caminar a las nueve de la mañana hacia Murias de Rechivaldo. El frío era contundente, pero entrábamos en una nueva comarca “La maragatería” y el paisaje  que se presentaba ante nuestros ojos empezaba a variar considerablemente de todo lo que hasta entonces habíamos visto.
Nuestras miradas absorbían todo lo que nuestros ojos pueden filtrar: los campos, los animales (caballos, perros, gatos), las construcciones de los pueblos y las infinitas señales del camino y de otros peregrinos que nos arropan durante todo el trayecto. Sin apenas darnos cuenta llegamos a Murias de Rechivaldo, un hermoso y cuidado pueblo con su bonita iglesia.
 
Nuestra piernas no se detuvieron hasta Santa Catalina de Somoza, atravesamos sus calles, con sus interesantes casas, que mostraban ya la arquitectura típica de la comarca, sus puertas pintadas de azul y verde dotaban a esta localidad de una entrañable sensación.
Y con toda la inspiración del mundo seguimos hasta  El Ganso, donde una mujer y su hija acompañadas de sus acogedoras mascotas, perro y gato, nos dieron una grata acogida y nos indicaron que hasta Rabanal del Camino quedaban otras dos horas casi de trayecto. 
 Los ánimos estaban bien, el cansancio no se mostraba evidente y continuamos hacia Rabanal del Camino.  A pesar de ser invierno, este tramo nos ofreció un motivador paisaje al adentrarnos en pequeños bosquecillos de robles. Por fin llegamos a Rabanal de Camino y disfrutamos de la tan esperada comida. 
Muy cerca de nuestro objetivo del día, Foncebadón, arropados de un calor sorprendente para estas fechas, realizamos este último trayecto que aunque era más duro, realmente fue cautivador. Mirando hacia atrás, apreciábamos la belleza de nuestra tierra y la satisfacción de que ha merecido la pena realizar este esfuerzo. 
El camino, el paisaje, sus pueblos, sus gentes, empiezan a formar parte de nuestra  experiencia, pero hay algo que empieza a calar entre todos nosotros y es la buena relación del grupo, el aprendizaje humano nos enseña a cada paso que damos. Por fin, llegamos a la Cruz de Ferro ¡una etapa más!.
Y mirando al infinito pensamos “Ya queda menos…” 
Eva G.