27ª Historias… de Quintana Fuseros a Losada en el Viejo Camino de Santiago

27ª Historias y leyendas del Viejo Camino de Santiago en la provincia de León

Rosa Fadón y Rafael Cid

Leodegundia encontró una Calzada Romana que la llevó de Quintana de Fuseros a Losada

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Ya íbamos saliendo de Quintana Fuseros y junto a la carretera vimos tres indicadores con tres posibilidades para continuar el Viejo Camino. A la vista de tal pluralidad, alguna de las rutas, quizá la que anduvo Leodegundia con el cortejo real, en su peregrinación a Santiago en el año 902 se quedará en el olvido. ¿sería eso justo? Pues dice el Documento:

“ Y fuimos a Taurón(Quintana Fuseros) y cerca en su monasterio descansamos…Al ver una Calzada Romana, que dijeron venía desde Astorga fuimos hasta Losada” (Vexu Kamin, Julián González)

Los más rápidos peregrinos hacía tiempo que habían cogido el camino de la izquierda a Labaniego, pero nosotros traíamos estudiada la ruta que correspondía con la antigua vía romana, que ya abandonada yacía a la orilla del arroyo Refuellos, bordeando los pueblos de Cabanillas de S. Justo y S. Justo de Cabanillas.

Ante nuestra vista se desplegaba un amplio valle donde nuestro acompañante y amigo nos contó que estuvo asentada la Cohorte I de la Legión V Alaude.

Ante nuestra vista se desplegaba un amplio valle donde nuestro acompañante y amigo Ovidio nos contó que estuvo asentada la Cohorte I de la Legión V Alaude concretamente en el lugar que Leodegundia llama Taurón, antes llamado Toral, pues procede de toral-alis que significa llanura y nada tiene que ver con “el arte de cúchares”.

Pero ¿cómo había llegado a este lugar de la geografía hispana la famosa legión romana? Pues fue fundada por Julio César en el año 52 AC con gente de la Galia transalpina y se llamó Alaude porque sus soldados adornaban sus cascos con plumas de alondra. Participó en la campaña de la Galia contra el caudillo Vercingetorix, ¡Seguro que alguno de estos romanos fue amigo de Obelix y Asterix y, por supuesto de Ideafix! Tras la muerte de César la comandó Marco Antonio y luchó en Oriente, hasta que tras la derrota de Actium se integró en el ejército de Octavio. Él fue quien la trasladó a Hispania y lució por nuestras tierras el emblema de sus guiones, el elefante, concedido por el valor demostrado, al defenderse de una carga de elefantes en la batalla de Tapso, en Túnez.

¡Echadle imaginación y contemplad todo este valle que se despliega ante nosotros lleno de tiendas de campaña, estandartes, legionarios entrando y saliendo de la fortificación!

Estamos en el año 26 AC y Augusto se pone al mando de las operaciones de las Guerras Cántabras, por lo que necesita varias legiones hostigando en varios frentes a nuestros aguerridos montañeses hispanos. Seguimos enfrentándonos a Roma en un pequeño trozo del noroeste de Hispania, impidiendo proclamar la “Pax Romana” y el cómodo establecimiento de sus tareas de extracción minera. Hay pues una razón militar, que junto con la económica, la abundancia de oro de la comarca, originan la ubicación de la Cohorte I en este lugar. Junto a los campamentos militares se va formando una auténtica ciudad, con la impedimenta que necesita la tropa, comida y diversión. Están las “cabañas”, palabra que procede del latín “cabanae”, casas donde viven las novias e hijos de los soldados romanos, pues como no les estaba permitido casarse hasta licenciarse a los treinta años, mantenían calladamente su familia, hasta el momento de hacerla oficial. Ese sería el origen de Cabanillas, emplazado en el extremo oeste del campamento, un poblado donde los veteranos permanecían después de ser licenciados, ya que podían ser llamados si era necesario como tropas de reserva y mientras ejercían de técnicos, escribanos, reparadores del material militar y otros oficios. En el museo de los Caminos de Astorga podemos admirar un ara que los veteranos de Interamniun Flavium dedicaron a Marte el dios de la Guerra. Fue encontrada en “Misión rescate” ese entrañable programa de TVE, en el que los escolares de nuestros pueblos buscaban vestigios arqueológicos en los lugares en que habían oído a sus abuelos contar alguna historia.

Salimos de la Vía por “el camino de la iglesia” para acceder al pueblo de Cabanillas de San Justo. En el atrio de la iglesia nos aguarda una sorpresa: Allí permanece la “consulatio”, la columna donde se aplicaba justicia, se ejercían las consultas y se arengaba a la tropa. En ella se observa el “fascis”, símbolo del poder y la magistratura, formado por un hacha entre ramas de sarmiento. Sigue siendo un símbolo hasta nuestros días, pues lo conserva el cuerpo de la Guardia Civil. También la palabra ha derivado en un término de uso, fascio, fascismo, etc.

La columna presenta en la parte posterior, las letras RV (romana V) IC (I cohorte). Sobre la piedra se realizaban las ejecuciones por lo que no es extraño que al lugar donde nos dijeron que fue encontrada se le denomine “la carnera” de “carnificer eris”, que quiere decir ejecución.

Augusto organizó una serie de correos, que llevaban el oro y traían de Roma el lujo de su civilización, informaban de los movimientos del enemigo para acomodar el ejército. Sus fatigadas monturas se reponían de trecho en trecho en unas mansiones, que por pertenecer a la legión Quinta se llamarían Quintanas (Quintana Fuseros, Quintana de Fons, Quintana y Marco, Quintana Raneros…) Las vías militares fueron mejorando estas paradas de posta, para usos civiles. Con la concentración parcelaria hay que remarcar los antiguos caminos, porque la gente mayor conserva el recuerdo de la Carretera de Castilla o el Camino Real, que así se llamó desde la Edad Media a la Vía Romana.

Ya se veía San Justo de Cabanillas, que parece una continuación del pueblo anterior pues tiene su mismo nombre sólo que dicho al revés. De nuevo nos encontramos en el atrio de la iglesia un magnífico miliario, que cita Gómez Moreno. Se traduciría así:

«Siendo emperador Tito Vespasiano, César, hijo del divino Vespasiano… fue hecha la Vía Nueva desde Astorga á Braga—, bajo Cayo Calpetano Rancio Ouirinal Valerio Festo, legado augustal y propretor.—Milla XXIII.»

La milla 23ª ha dado lugar a discusiones entre los investigadores, que dudan sea este su emplazamiento original o que se llevó hasta el pórtico tras reedificar la Iglesia en el Siglo XVI. La confusión se ha originado porque en el año 79 se mejoró la Vía Militar cambiando su nombre por el de Vía Nova y al subir al poder la dinastía Flavia, se cambió el valor de la milla. La señalización de los miliarios pasó de los 1666m. a los 1481m. en la dinastía Flavia. Algo así como cuando nosotros hicimos el cambio de la peseta al euro. ¡Menudo lío para resituar ahora los miliarios!

San Justo, el eremita del Villar, era hijo nada menos que del rey de Persia, que al cristianizarse cambió su nombre en honor del mártir San Justo.

Dejemos a los eruditos y arqueólogos especulando mientras estos humildes peregrinos os cuentan una bonita leyenda, la de un San Justo autóctono de estos lugares, que viene a cuento del nombre de estos dos pueblos. La asociación cultural Xeitu ha publicado “Vida y milagros de San Justo del Villar…” una joyita bibliográfica del siglo XVI, de propiedad particular, cedida por una familia de la comarca de Luna. Isidro García Moya, párroco de Salce y autor del manuscrito ensalza al eremita que realizó milagros en vida y después de muerto. Predijo el día de su muerte y llegada su hora las campanas de la iglesia tocaron solas para que sus convecinos acudieran al sepelio, entonces hallaron en su mano un pergamino que aseguraba que era hijo, nada menos que del rey de Persia, que al cristianizarse cambió su nombre en honor de Justo, el que con su hermano Pastor fueron martirizados en Alcalá de Henares. Cansado de la vida disipada de la corte se retiró como eremita en lo alto de la braña del Villar de Santiago, donde llevó una vida de santidad, instruyendo en la doctrina y ayudando a todos. El manuscrito tiene un interés añadido, pues muestra las palabras que se decían en aquella época, la indumentaria de la gente, sus costumbres y modo de vida.

Caminamos charlando de esta curiosa historia recuperada y pensábamos… ¿cuántas más descansarán en los viejos baúles de nuestros pueblos?

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Foto 1: Rafael Cid: Los tres carteles en Quintana Fuseros
Foto 2 : Rafael Cid: Piedra de la Consulatio en Cabanillas
Foto 3: Rafael Cid: 23º miliario en S. Justo de Cabanillas.

26ª: Historias… Quintana de Fuseros en el Viejo Camino de Santiago por la provincia de León

26ª: Historias y Leyendas El Viejo Camino de Santiago en la provincia de León.
              
Rosa Fadón y Rafael Cid

Caminando por Quintana que guarda historia romana
Paseando por Quintana todo es una evocación de su antiguo esplendor. Según manifestó acertadamente nuestro amigo e improvisado guía Ovidio Molinero es un museo al aire libre formado por piedras reutilizadas aquí y allá. Nos detuvimos ante la fuente de la plaza, coronada por la cabeza de un ídolo, cabeza y fuente han sido trasladadas desde el abandonado monasterio de Santa Leocadia. 

Casi desfigurado por el tiempo, desde la pared de una casa nos observa la efigie de otro ídolo, que logró salvarse de la capa de cemento que le iba a recubrir ¿para no asustar a los visitantes? Llegamos ante otro ídolo que a mi se me antojó diabólico con sus largos cuernos. Nuestro amigo nos pidió que lo miráramos con respeto, pues era un dios local de la guerra, portando una corona de encina. Dejamos para otra ocasión ver pequeños objetos procedente de los castros, un aro de bronce, varias pesas de barro o pondus, moldes para hacer anillos o un crisol de piedra para verter líquido fundido. 

La rudeza de estos dioses y su simplicidad denotan una civilización a su medida, que retratan a los antiguos pobladores, los pemeiobrigenses de raza susarra(cuando lo pronunciéis varias veces, será tan fácil decirlo como “supercalifragilistico…”) Pemeiobriga es el centro del valle, lugar de reunión o concejo de los representantes de las cinco torcas, castros o fortificaciones que lo rodean. Ya explotaban minerales, en las montañas que ahora se ofrecen ante nuestros ojos, cuando fueron vencidos en la batalla del Era, por los gigurros galaicos, venidos de Rubiá y Montefurado espoleados por los romanos. En la Peña del Era, junto al río que allí nace, está el “Teso de los griegos” (ya conocéis su significado de obra de ingeniería hidráulica) que indica la causa de la contienda: la avidez romana por el preciado metal. El imperio romano ofreció ganancias a los gigurros y las tierras de los pemeiobrigenses, hasta que el divino Augusto en el Edicto de Narbona Martio del año 15 antes de Cristo les permitió compartir de nuevo sus tierras con los vencedores, por su probada lealtad. 

El texto de este documento grabado en una placa de cobre fue descubierto por los niños del famoso programa de TVE “Mision rescate” ayudados por sus maestros. Lo recuperaron para la historia y puede contemplarse en el museo de León: “Conocí que los castreños pemeiobrigenses del pueblo susarro…permanecían en el cumplimiento de las ordenanzas,  por todo ello concedo protección para siempre”
Un carro de oro macizo tirado por caballos con aparejos también de oro, recorría el valle a diario, recogiendo el preciado metal.
Nacería entonces otra leyenda, la de un carro todo él de oro macizo, tirado por caballos con aparejos también de oro, las armaduras de los soldados romanos que lo custodian son también de oro, así como sus armas. Recorrían el valle a diario recogiendo el preciado metal para finalmente custodiarlo en el castro de la Mata Torre, en una fortificación cuyas puertas eran también ¡de Oro macizo! Efectivamente en este castro se custodiaba el oro para ser enviado posteriormente a Roma. Para bien o para mal, en este lugar y en otros muchos del bierzo y todo el noroeste de Hispania se encontró oro en abundancia. Así que para su correcta administración se estableció la I Cohorte de la Legión V Alaude (alondra) en la llanura de Toral, que llanura quiere decir precisamente su nombre latino (toral aris). 

A la caída del Imperio fue destruida por Teodorico II rey de los godos en el 497, después de vencer a los suevos en la batalla de Urbico. Sobre sus ruinas se alzó la villa de Taurón o Toral, con un castillo que mandó levantar  Alfonso III para ubicar la primera tenencia del Bierzo, encargada de la repoblación y la defensa del territorio. En el 997 la arrasó Almanzor para ser de nuevo reconstruida por los templarios. Pero por orden del rey Fernando II se trasladaron a Ponferrada pues por allí pasaba el nuevo Camino de Santiago, potenciado por los obispos astorganos en detrimento del Viejo Camino de Santiago, que esta entonces había estado pertrechado por venerables monasterios: El de San Martino  junto a la cruz alta, Santa Leocadia en Quintana, San Fructuoso en Labaniego-Arlanza, San Pedro y San Pablo en Losada, San Benito en Rodanillo, con un hospital entre este pueblo y Cobrana,  el de Virgen de la Peña en Congosto y sumergidos bajo el embalse de Barcena el de San Salvador y San Julián.

Durante los Siglos XIV al XVIII florecieron junto a Quintana nuevas explotaciones mineras, las Ferrerías de Marciel, promocionadas por los Condes de Benavente que poseían un Coto Industrial con dos factorías de transformación del hierro, su explotación y transporte. Ya hemos hablado del desvío de la ruta tradicional de la vía militar romana, Via Nova, Carretera de Castilla, cambiado su trazado por Lemoure y de la  importancia que esto tuvo para el desarrollo de los pueblos. Por eso  nosotros queremos poner nuestro granito de arena con la divulgación de este Viejo Camino de peregrinos, que puede mejorar la vida de los pueblos por donde pasa.  
A propósito de los templarios hay otra leyenda local relativa a Santo Toribio. Fue ese obispo como Indiana Jones,  buscando reliquias en los Santos Lugares. Trajo tres vírgenes de Tierra Santa, se dice que talladas por el mismísimo San Lucas, llamadas “de la Encina” y no solamente una, la descubierta después en una encina. Los templarios al marchar a Ponferrada se la llevaron consigo, la segunda depositada en Boeza, se la cambiaron a los de Quintana por otro santo y la tercera se la llevaron a Rozuelo, pero estaba coja y “se marchó”, quizá fue vendida o se rompió. También otras imágenes “se  marcharon” pues la que vemos actualmente en Ponferrada no es anterior al siglo XVII, pero ¿A que tiene un cierto parecido con la de Quintana?
La repoblación del Bierzo tuvo dos figuras muy queridas, el Conde Gatón y San Genadio.

Caminando por el pueblo ya habíamos llegado a la casa señorial donde debió residir el conde Gatón, luego su hijo Genadio, después los abades del monasterio. Esta mansión tenía caballerizas, oratorio privado y los signos de la cruz inscritos en los sillares que forman las jambas del dintel de la puerta, que aún pueden verse.  
En la iglesia del pueblo contemplamos la imagen de San Genadio con báculo episcopal, semejante al que usan los obispos astorganos. Recordamos la vida del popular santo berciano.

“Tengo de pasar la Guiana

Tengo de pisar la nieve que san Genadio pisaba”

Recibió educación religiosa en el monasterio de Ageo en Ayoo de Vidriales, provincia de Zamora. Gran repoblador se encargó de restaurar monasterios, entre ellos el de San Pedro de Montes, del que fue nombrado abad en el 908, año en el que también se le nombró obispo de Astorga. Su vida es conocida por sus fundaciones y generosidad para con sus feligreses hasta su fallecimiento en el 936. Fue sepultado en Santiago de Peñalva,  pero lo que es menos conocido, es que sus restos junto con los de San Urbano y San Fortis fueron exhumados por orden de Dª María de Toledo, Duquesa de Alba, para fundar el convento de benedictinas de Villafranca. Cuando las religiosas se trasladaron a Valladolid, se llevaron con ellas las sagradas reliquias.

De ladrones de tumbas y decapitaciones de santos bercianos por personas de alcurnia
Hay quien no logra comprender por qué en ocasiones se disgregan las reliquias, sin aplicarse la figura jurídica del delito de profanación de cadáveres. Para los creyentes, la beatitud de los santos va desgranando favores a través de sus restos, las telas de sus ropajes, sus pertenencias. Esta facultad se basa en “la Comunión de los Santos” ya que se “comunican” desde su vida ultraterrena con los que en ellos creen. En nuestra historia después de un duro pleito se consiguió que la cabeza del santo fuera trasladada a la catedral de Astorga.     
  
Como aún nos quedaba mucha conversación, decidimos quedarnos a comer en compañía de nuestro compañero, el señor Molinero, que todavía nos reservaba otra sorpresa. En el transcurso del ágape sorteó un hábito de peregrino con su cinturón de cuerda, vieira y bordón entre los peregrinos, para que hagamos el Camino luciendo como Dios y el Señor Santiago mandan.
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Foto 1: Rafael Cid: Ídolo de la fuente en Quintana.
Foto 2 : Rafael Cid: Montaña al fondo de Quintana.
Foto 3: Rafael Cid: San Genadio en la iglesia.
Foto 4: Rafael Cid: Portón del antiguo monasterio.

25ª Historias y leyendas de Igüeña a Quintana Fuseros, Viejo Camino de Santiago

25ª: Historias y Leyendas El Viejo Camino de Santiago en la provincia de León.
              Rosa Fadón y Rafael Cid

Entre Igueña y Quintana Fuseros no llegamos los primeros
Vale la pena detenerse en Quintana y comprender toda la historia que atesoran sus piedras.

Antes de salir de  Igüeña tomamos un café en el pueblo y el alcalde nos informó de que encontraríamos el Camino limpio y bien señalizado, incluso con un cartel que alerta de las colmenas. También supimos que va a habilitar un alberge municipal, iniciativa que ya otros han tomado y que agradecemos los peregrinos del Viejo Camino de Santiago. 

Los paisajes que se divisan ante nuestros ojos son cada vez más hermosos a medida que vamos tomando altura. Típicos del Bierzo Alto, hasta nos agradan las heridas causadas a la tierra por las antiguas explotaciones mineras que brillan al sol como refulgentes armaduras. 

Después de colocar unas piedras a modo de improvisado puente cruzamos el arroyo de San Martín, topónimo que evoca el desaparecido monasterio medieval. Ascendemos la empinada sirga y a  unos cien metros vemos entre las raíces que han quedado al descubierto al efectuar la limpieza del sendero, unas grandes losas de piedra que pertenecen a la necrópolis del monasterio. ¡Cuánta vida y quehacer guardan!
El Cruce entre la Vía militar romana y la Vía a la Corte asturiana estuvo marcado por la famosa Cruz Alta.
¡Cuesta trabajo pensar que aquí hubo Vías muy importantes! De ellas queda solamente una bifurcación en el sendero, que es lo que se llama Cruce o Cruz Alta, donde llegaban dos caminos. Uno se dirigía a Asturias, restaurado por el rey Mauregato, que es por el que nosotros venimos peregrinando desde la cabecera del Vallegordo, el otro fue una vía militar romana anterior a la Vía Nova, después Camino Real a Castilla hasta que en el siglo XVIII reinando Carlos III, el coronel del cuerpo de ingenieros Carlos Lemoure, eligió un nuevo trazado por la actual carretera nacional. 

Había allí un monumento de piedras, que posiblemente existía ya en época prerromana cuando era costumbre dejar una piedra como ofrenda al Dios de los caminos y en época romana al del comercio, Mercurio. Seguro que con la cristianización se cambió por un bonito crucero de piedra, que sirvió de modelo a la actual Cruz de Ferro de Foncebadón. Mi amigo Ovidio y yo, al contemplar la desolación actual, hemos soñado con que se instalara de nuevo y llevase tallada en la cruz una escena que represente a San Martín, patrón del monasterio, cortando la capa que ofrecería al aterido peregrino. De un brazo de la cruz colgaría la concha y del otro la calabaza, que son trasuntos escuetos del alfa y el omega que cuelgan de la Cruz de los Ángeles asturiana. A los pies, en bajorrelieve, a modo de mecenas medievales figuraríamos los dos con atuendo peregrino. 

La Cruz Alta fue totalmente destruida en el año 997, al igual que la villa de Taurón, por las huestes de Almanzor, que en una brillante operación de marketing sembró el terror hasta Santiago, llevando las campanas de su catedral a Córdoba y transmitiendo la noticia de sus victorias a través del Camino por los peregrinos de  toda Europa. A partir de entonces dejó de conocerse como la Cruz Alta y pasó a denominarse la Cruz Cercenada. 

Nosotros creemos que este lugar se merece el nuevo crucero. Quizá pueda ser construido bajo el patrocinio del ayuntamiento, de las Asociaciones del Camino o incluso del Banco de Santander, porque os diré que fue nombrado José Antonio Álvarez Álvarez, Consejero Delegado de dicha entidad por Ana Patricia Botín en noviembre de 2014. Para nosotros que siempre contamos historias de antaño esta noticia de actualidad nos llena de orgullo, por tratarse de un paisano a la vez leonés y de Quintana Fuseros. Así que, Don José Antonio le emplazamos para que sea el primero en dar la noticia: “Banco de Santander patrocinador del Viejo Camino de Santiago o de la Montaña…”    
Con nuestras divagaciones de peregrinos nos acercamos a Quintana de Fuseros, donde nos esperaba Ovidio Molinero, historiador local, excompañero de trabajo y sobre todo amigo, para mostrarnos los alrededores de la localidad y los lugares de interés. Antes de entrar en el pueblo, tres carteles distintos señalan tres itinerarios diferentes del Viejo Camino Olvidado. Algunos compañeros ya han seguido las invitaciones sin detenerse en Quintana y eso que aquí, en el antiguo monasterio, pernoctaron la reina Leodegundia y su séquito en el año 902.
El monasterio de Santa Leocadia Catinera conserva sus ruinas en lo alto del pueblo y en el corazón de las gentes sus milagros.
Nosotros nos reunimos en la Iglesia, para conocer su historia a través de los santos  locales. Comenzamos por la imagen de Santa Leocadia, procedente del arruinado monasterio. A mi me pareció que nos observaba llorando mientras decía “yo, que a tantos peregrinos he acogido bajo mi protección veo qué pocos venís hoy a visitarme”

Leocadia es patrona de Toledo donde nació y fue mártir, en tiempo de Diocleciano. En su honor se levantaron allí tres templos y en el que estuvo sepultada, se celebraron los concilios de Toledo. Tras la invasión musulmana, para evitar que sus restos fuesen profanados, se trasladaron a la Corte cristiana, a Oviedo. En el traslado se obraron muchos prodigios y se le dedicaron santuarios en su nombre que por cierto en griego significa “Defensora del pueblo”. También en Quintana puso su mano milagrosa y Ovidio nos contó la historia del monasterio construido bajo su advocación. A él se la contó el maestro en la escuela y la recoge la tradición…

Hubo una Condesa en Quintana (quizá la misma esposa del Conde Gatón), tenía un hijo que jugaba con otros niños de su edad, se refrescaban junto al río, cuando de repente una impetuosa tormenta de verano hizo crecer tanto al arroyo, que el hijo de la condesa resbaló y fue arrastrado por la corriente. Mientras nos lo cuenta nos señala el lugar, que tiene un puentecito. Visto y no visto, el niño desapareció en las embravecidas aguas. Sus compañeros asustados le buscaron sin éxito y dieron la alarma en el vecindario, que acudió presuroso, a pesar de que la tormenta no cesaba. El niño no aparecía así que avisaron a la Condesa, que desolada acudió con sus suplicas al cielo, pues ya sólo el Todopoderoso podía salvar a su hijo, prometiendo a Santa María y a Santa Leocadia construir un templo si encontraba al niño sano y salvo. Entonces encontraron río abajo una barrera de troncos, con los que los labradores hacen presa para regar las praderas colindantes con el río y allí estaba el niño retenido, junto a los prados del Fontanal ¡Estaba vivo! Y su madre cumplió la promesa y levantó el templo en honor de la santa.

Mi amigo Ovidio me contó a continuación, que en el siglo VII los santos Moisés y Valerio fundaron con una comunidad de monjes el monasterio bajo la advocación de Sta Leocadia Catinera que tiene a sus pies una catina o plato con el que la santa daba de comer a los pobres.
Este monasterio suena parecido a Sta Leocadia Castañera, pero no hay que confundirlo, pues como dijimos, hubo más con su nombre. 

Después el Obispo Indisclo convirtió el monasterio en parroquia. Siendo obispo San Genadio  (909-919) restauró la vida monástica, aunque siguió como parroquia y cementerio hasta 1807 en que se trasladaron los oficios religiosos a la capellanía de San Claudio, gracias a otro prodigio obrado por este santo, que también tiene imagen en la iglesia del pueblo y por supuesto su leyenda.  

La cosa empezó porque en 1747 el cura quería  prescindir de subir la empinada cuesta hasta Sta Leocadia, contra la opinión del pueblo que se resistía y poco a poco, en la iglesia del monasterio sólo se oficiaba las fiestas patronales y entierros. Lentamente traslada las imágenes y objetos de culto, pero no todos, pues el santo centurión leonés entristecido por no querer dejar su sitio, huyó…
Cura y vecinos se apresuraron a buscarlo y decidieron que el santo fuera juez de sus desavenencias, de forma que si lo encontraban los parroquianos los oficios divinos seguirían en el monasterio, pero si lo encontraban los partidarios del párroco se trasladarían al pueblo  ¡A que os imagináis lo que pasó! Pues si, lo encontró el sacerdote en un lugar hoy denominado vega de San Claudio en las faldas de Piedrafita. Ahora viéndolo presidir el retablo de la iglesia no podemos por menos que evocar su historia.  
Ya era hora de dejar la penumbra de la iglesia y salir al sol resplandeciente a contemplar el paisaje. El entorno de naturaleza deslumbrante nos dio mucho de qué hablar, pero eso ya queda para otro día.
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Foto 1: Rafael Cid: Cruz Alta, Cruz Cercenada.
Foto 2 : Rafael Cid: Monasterio Sta Leocadia
Foto 3: Rafael Cid: Sta.Leocadia Catinera.