Sirenas y pastoras en el valle del río Tuéjar, peregrinando el Viejo Camino de Santiago por la provincia de León

Nuestra peregrinación por el Viejo Camino de Santiago en la provincia de León nos lleva esta semana a S. Martín y Renedo de Valdetuéjar.  
Después de pasar Puente Almuhey, los peregrinos del Viejo Camino de Santiago por la provincia de León nos adentramos por el valle del río Tuéjar.
Viejo Camino Santiago nevado, 10ª-11ª
Llegamos a San Martín de Valdetuéjar, donde tuvimos ocasión de disfrutar con las andanzas de dos peregrinas a las que castigó San Guillermo. Sus nombres no han pasado a la historia, pero todos las conocemos como Las Sirenas de Valdetuéjar.
Podemos contemplar en lo alto de un promontorio la ermita. Su base sobre-elevada en una amplia plataforma y la estructura cuadrangular de su potente torre denotan construcciones defensivas romanas. Existen múltiples restos, calzadas, puentes y cicatrices de la conquista de Roma, por estas tierras. P. Eutimio Martino nos da muchos datos en sus libros, entre ellos «La huella de las Legiones, Roma contra Cántabros y Astures». Se cree que cuando se repoblaron estas tierras, se reutilizaron y cristianizaron los lugares romanos, de manera que los que estaban bajo la advocación de Marte (Dios de la guerra) dieron culto a S. Martín, los que estaban dedicados a Julio César (culto al emperador) siguieron la devoción a S. Julián, advocaciones muy antiguas y comunes en la Cantabria leonesa. Por encima del alero del majestuoso templo, divisamos la imagen de dos sirenas. Las sirenas son seres mitológicos, se las considera hijas del río Aqueo y la diosa Gea, pues no era solamente Zeus el que lanzaba de vez en cuando ”una cana al aire”. Las sirenas que vemos están junto a dos cabezas de atlantes. La mitología de la antigüedad romana, muy del gusto del Renacimiento, pervive en estos pueblos, que tan romanizados estuvieron.
El buen fraile convirtió a las peregrinas en sirenas de río Tuéjar, que desde los aleros de la iglesia nos contemplan.
Cuenta la leyenda, que la ermita de San Martín fue hace tiempo un monasterio, que acogía a los peregrinos del Camino y que en cierta ocasión, unas peregrinas sedujeron a los monjes del monasterio. Las juergas nocturnas y el escaso rendimiento diurno levantaron las sospechas del abad, que dicen era san Guillermo. El buen fraile como castigo, convirtió a las peregrinas en sirenas del río Tuéjar y obligó a los arrepentidos monjes a plasmar como aviso sus imágenes, en los capiteles de  la iglesia del monasterio.
Sirena de S.MartínValdetuéjar
Dicen mis amigos que del río, han pasado a la laguna y en los amaneceres calurosos de verano, podemos verlas en top-less chapoteando en el agua e invitando a los desprevenidos caminantes a darse un chapuzón con ellas. Pero yo os recomiendo que no escuchéis su canto y sigáis vuestro camino. ¡ay San Martín, ruega por nosotros!
Vamos ascendiendo lentamente y llegamos a Renedo de Valdetuéjar, localidad que fue amplio solar y casa matriz de los poderosos Marqueses de Prado, que dieron origen a muchas historias y leyendas.
El palacio de los Marqueses de Prado actualmente se conserva en León, en la obra hospitalaria Nuestra Señora de Regla.
Algunos prestigiosos historiadores opinan que el rey Fruela I tuvo fuera del matrimonio dos hijos Aznar y Nuño Fruela y que de este último procede la familia Prado. Sin embargo no sabemos a ciencia cierta los nombres de los inmediatos descendientes de D. Nuño, por lo que no será hasta pasados dos siglos cuando se dará a conocer D. Martín Díaz Prado,  que aparece en las crónicas con este apellido. Debe de quedar claro que no sabemos si D. Martín Díaz Prado era descendiente o no de D. Nuño Fruela, pero a partir de aquí los miembros de esta linajuda familia, usan esta denominación y se extienden por toda España, ocupando importantes cargos políticos junto a los reyes. Así mismo las armas  de esta casa astur-leonesa descendiente de D. Martín Díaz de Prado figurarán en nuestro escudo: un león rampante en campo de oro.
Pero entremos en la leyenda. Las anteriores lagunas históricas han dado pie a decir que, esta familia procede del mismo rey Fruela I, pues cuando se encontraba cazando por los prados de León,  sedujo a una doncella que se encontraba cuidando su cabaña. A la descendencia de esta relación dio el rey el apellido “Prado”. 
Alfonso II El Casto en el Mosteiro de Samos
Es posible que no vaya muy desencaminada esta historia, ya que nuestro Fénix de los ingenios, Lope de Vega publicó en 1621 una comedia titulada así: “Los Prados de León” y por una casualidad del destino lo insertó en “el Peregrino en su patria”. 
En esta obra en verso, nos encontramos con dos personajes históricos: los reyes Bermudo I el Diacono y Alfonso II el Casto. Hay también un pastor, Nuño de Prado, llamado así por haber sido encontrado por el rey Bemudo I en un prado “de flores lleno”, que el rey encomendó su crianza a un labrador, Mendo, para que lo mantuviera bucólicamente en el campo, apartado de las intrigas de la corte. Cuando finalmente, el rey renunció al trono, a raíz de su derrota en la batalla de Burbia (actual Villafranca del Bierzo), contó a su sucesor Alfonso II el Casto la historia del niño encontrado en el prado y le encargó que favoreciese en lo posible al muchacho. 
Alfonso mandó a buscarlo a la aldea, para ser educado en los usos y maneras cortesanas. Nuño llegaría a convertirse en el brazo derecho del Rey, lo que le haría el blanco de las envidias de sus rivales. La situación se agrava aún más cuando pone sus ojos en él, la infanta Doña Blanca, a la que Nuño ignora, porque él bebía los vientos por Nise, una bella campesina  de la que ahora le separaba su nuevo destino en la Corte. 
La infanta despechada y los cortesanos envidiosos, urden un plan para hundir al pobre Nuño de Prado y no se les ocurre otra cosa, que acusarlo ante el monarca de connivencia con el enemigo musulmán. Alfonso, enfurecido, ordena su destierro del que sólo se salva gracias a que el labrador Mendo, informa a la corte de que en realidad Nuño es hijo de Fruela I, que lo tuvo con una hermosa aldeana, después de retozar con ella en los prados del pintoresco pueblecito leonés.
Lope acaba su obra solventando otro problema: puesto que un noble no podía casarse con una plebeya y Nuño quiere desposar a Nise, aparece en escena la tía de Alfonso II, Dª Leonor, la cual confiesa, como si de un culebrón televisivo del Siglo XXI se tratara, que Nise es en realidad una princesa, hija suya, fruto de una relación con el conde de Castilla. Nise y Nuño pueden ahora casarse y Lope de Vega, benevolente, termina la obra otorgando el perdón a los malvados cortesanos:  
Pues yo les doy el perdón.
España toda te alabe.
Y aquí la comedia acabe
de Los prados de León.
Leyenda histórica o simple comedia de Lope, el valle del Tuéjar palpita con esta poderosa familia. Las piedras de sus edificios adornan todos los pueblos de los alrededores y en León se conserva parte de su palacio, en la obra hospitalaria Nuestra Señora de Regla, junto a la catedral de León. Ubicado en Renedo,  tras su abandono se compró, para reedificar el santuario de la Virgen del Camino, pero cuando se decidió por un edificio de estilo moderno, el obispo Almarcha, que ya había trasladado el derribo del monasterio de Eslonza para edificar la Iglesia de Renueva, compró las piedras ya desmontadas por 800.000 Pts. Aunque encorsetado en un espacio más pequeño, se salvó de la ruina y hoy nos recuerda el esplendor que tuvo esta familia leonesa.
Palacio de los Prado, NªSªRegla
Y eso no es todo… algo más os contaremos en la próxima entrega, pues aún en nuestro peregrinar tenemos que llegar a la Virgen de la Velilla.

Texto y fotos de Rosa Fadón y Rafael Cid

Renedo de Valdetuejar y la Virgen de Velilla. Anticipo Viejo Camino de Santiago

Siguiendo la ruta del viejo Camino de Santiago entramos en Renedo de Valdetuejar. Ved nuestro reportaje fotográfico de Renedo de Valdetuejar.
Es el pueblo de Sabino y lo cito con cariño, para agradecerle su amabilidad. Siempre tiene tiempo para acompañarnos y mostrarnos hasta el último rincón interesante, es un enamorado de su pueblo y transmite esa sensación de acogida al peregrino, que deseamos encontrar en el camino. 
Renedo de Valdetuéjar. León

Aquí le vemos con Eulogio junto a la Casa del Concejo.
También agradecemos a su prima Isabel, que en su bar de Renedo charlamos, al amor de la lumbre.

Renedo de Valdetuéjar. León

Isabel tiene una cocina acogedora, con un hogar siempre encendido, al que puedes acercarte a calentar los pies, o simplemente a mirar, para embrujarte con el juego de las llamas.

En el banco tradicional, las manos reposadas en el tablero, que se baja para que sirva de mesa, estábamos charlando, dispuestos a tomar el bocadillo y pedir una bebida que ella sirve a los clientes. En buen tiempo, se llena el porche de la entrada y en invierno, los vecinos acuden como antaño a la hila.

Al hablar de Renedo hay que mencionar a los Marqueses de Prado, de nobleza muy antigua y aunque les han colgado el «san benito» de ser despiadados con sus vasallos, hasta el punto de que a este territorio lo denominaron “el valle del hambre”, el padre Eutimio Martino en su libro “la Huella de las legiones” mantiene la hipótesis de que este nombre  responde, no al hambre común, sino al río, que forma este valle lateral del Cea. «Ambre» significa “río” en el idioma céltico de los antiguos pobladores anteriores a la conquista de Roma.
Acompañados por Sabino pudimos admirar aún parte de los muros defensivos, con las torres rematadas en su día, por dos soldados de piedra y nos dice que en la actualidad se encuentran en el museo de Ampudia.
Renedo de Valdetuéjar
Visitamos también la iglesia, aunque por estarla pintando, no era su mejor momento. Teníamos interés por contemplar, eso si, a través de los andamios, un retablo barroco del siglo XVIII,  con un bonito sagrario, que se trajo del imponente oratorio que existía en el palacio de los marqueses.
Renedo de Valdetuéjar. León
También son muy apreciados las esculturas de tres de los cuatro evangelistas, todos ellos de la escuela de Gregorio Fernández. Nos dicen que San Marcos se rompió durante el traslado y es que las imágenes, al ser de gran tamaño, son huecas y rompen fácilmente.
Renedo de Valdetuéjar. León
La nobleza de los Marqueses viene de tiempos muy antiguos. Unos dicen que de la época del Rey Fruela, que son descendientes del infante Nuño de Prado,  hijo del rey Bermudo  e incluso no faltan los que afirman que el propio rey, en una de sus correrías por la comarca, se prendó de la belleza de una pastora y la tomó allí mismo: en el prado, dando a su descendiente el título de Marqués de Prado.
Esto no es un invento mío, es el tema de la obra de teatro de Lope de Vega, «Los Prados de León».
Para saber más, podéis consultar el siguiente enlace:   
http://casarealrurikovich.com/antepasados/prado.pdf
De todas formas, fueron señores muy temidos en todo el valle. De su poder y riqueza nos queda constancia, a la vista de numerosas piedras que han subsistido y escudos, que adornan las casas fuertes de todo el valle.
Renedo de Valdetuéjar
En la actualidad podemos contemplar parte de su palacio en la obra hospitalaria Nuestra Señora de Regla, junto a la catedral de León. En su momento lució en Renedo, pero con posterioridad fue comprado, para embellecer el santuario de la Virgen del Camino, pero no conjugaba con el estilo modernista que se decidió finalmente.
Se pensó luego, utilizarlo para la construcción del conservatorio de música en León, pero se impuso un estilo más funcional. Finalmente el obispo Almarcha, que ya había trasladado los restos del monasterio de Eslonza para la Iglesia de Renueva, compró las piedras ya desmontadas por 800.000 Pts. Y gracias a eso se salvó totalmente de la ruina y hoy lo podemos admirar en Nª.Sª. de Regla.
Así es que ni los marqueses, ni el palacio, habitan este bonito pueblo, pero os diré, como dato anecdótico, que el último administrador de sus bienes, era bisabuelo de Sabino, nuestro acompañante. Así consta en los documentos antiguos, que él tuvo la amabilidad de mostrarnos, antes de subir con nosotros al Santuario de la Virgen de Velilla.
Virgen de la Velilla
Después de ascender una pequeña cuesta y reponer fuerzas en la casa rural, pudimos visitar el impresionante al Santuario de la Virgen de Velilla., que concentra la devoción de los habitantes de estos valles.
Cuenta la tradición que en el año 1470 un hidalgo, pariente de los marqueses, Diego Prado, encontró la imagen  entre unas piedras. Un resplandor llamó su atención y descubrió una bella imagen dorada, la llevó a su casa, pero comenzaron a ocurrir desgracias a su familia, lo que le hizo comprender que debía de construir una iglesia en el lugar donde la había descubierto.
La ermita perduró hasta 1615 y en este tiempo ocurrieron muchos hechos maravillosos, entre los peregrinos que acudían a pedir ayuda a la virgen.
En el siglo XVIII se construyó la magnífica iglesia actual. En su torre podemos contemplar las imágenes de dos jóvenes San Miguel y San Cipriano ¿de Antioquia?
Virgen de Velilla, León
En la explanada nos recibe un crucero de piedra de Boñar y en la fachada cercana a la cabecera del templo preside la imagen del Apóstol Santiago. Todos ellos símbolos de peregrinación a Santiago.
Ya en el interior, llama nuestra atención una lápida conmemorativa, que indica que allí reposan los restos de San Guillermo.
El retablo de la cabecera es del siglo XVIII con imágenes de San Nicolás de Bari y Santo Domingo de Guzmán. Desde lo alto nos contemplan las imágenes de San Froilán y el lobo. En los retablos laterales podemos admirar magníficas imágenes del Cristo y la Inmaculada.
Pasamos tras el altar mayor, al Camarín de la Virgen. Allí el humilde ciudadano queda obnubilado por la suntuosidad de esta capilla privada de los Marqueses.
Virgen de Velilla, León
El retablo mayor con altas columnas salomónicas doradas tiene una lujosa decoración con abundancia de ángeles coloreados predominantemente en azul y rosa. 
Junto a esta finura exquisita se presentan dos tenantes muy feos, que dicen representar a Adán y Eva que soportan el peso del retablo. 
Sobre el altar hay una imagen de la Virgen, aunque se trata de una copia, pues la original fue robada en 1973.
Virgen de Velilla,2013
Aún completan la decoración barroca dos retablos, con imágenes de san Antonio y San Juan de Sahagún, así como el suntuoso suelo marmolado y la piedra donde apareció la Virgen.
Virgen de Velilla,2013
Texto y fotos de Rosa Fadón y Rafael Cid