CRÓNICA DE CABANILLAS (13-mayo-2012)

¡AY  QUÉ GRANDE ES EL PERRINO,
MASTÍN  DE NUESTRO CAMINO!
Cual su segundo apellido,
como un perrino, en efecto,
se halla nuestro presidente
bajo un roble, recio enhiesto.
(Enhiesto y recio es el roble)
Y lo que cuento, bien cierto.
Tocado con la visera…
¿qué hacía? Yo me lo temo:
durmiendo la siesta estaba ,
sí… la siesta del carnero.
Pero después comprobamos
nuestro error; él iba haciendo
el cálculo aproximado,
contando de trecho en trecho.
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Hacia el bello CABANILLAS,
bello y acogedor pueblo,
dirigimos nuestros pasos
con entusiasmo y empeño.
Pocas veces disfrutamos
de ambiente tan halagüeño
como el vivido el domingo,
por tan delicados cerros,
que montañosos no eran,
eran livianos, ligeros.
Cierto que alguna subida
nos dejó un poco deshechos,
pero ocurrió porque algunos
de cascar no se aburrieron.
Y claro, si mucho dices…
«joer con este repecho»
más jorobado tú llegas
a la cima… y más sediento.
Mas…fuentes murmuradoras,
de los montañosos senos
teníamos en el camino
para un hálito sediento.
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Cumplimos con nuestros fines:
refrescar nuestros latines
Nunca hubiera yo pensado
que en tiempos como son estos
descubriéramos allí
ritos y mitos eternos.
Fascinante resultó
aquella misa en un templo
de belleza singular,
en recinto tan pequeño.
El barroco del altar
y las pinturas al fresco
eran el marco preciso
al  religioso suceso.
La cima llegó, sin duda,
con el gregoriano  evento:
¡Cantar los kiries, Señor
Y el Glori in excelsis Deo…
es experiencia imposible
en estos tiempos modernos!
Ahora entiende un servidor
de Maribel los deseos:
asistir en Cabanillas
a misa tras el paseo.
Aunque no sé si cantó:
desde atrás yo no la veo
cuando entonamos los Kiries,
los Kiries  y hasta sus ecos.
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Mas no todo iba a ser
celebraciones  de templo:
Los de Cabanillas eran,
los de cabanillenses  fueron
obsequiosos y elegantes
con escabeche y…con huevos.
Sin olvidar la cebolla,
Cogida allí, en sus huertos.
Y el vino que, en tetrabik,
no suponía ni un esfuerzo.
Tan generoso allí  fue
el ágape dominguero
que casi me recordó
aquello del Evangelio
de los panes y los peces:
quedamos muy satisfechos.
Claro que sin nuestras pastas,
que Luis y otros repartieron
el ágape menos dulce
se nos hubiera allí hecho.
Por supuesto, la mistela
era preciso elemento,
que no hay fiesta sin mistela
si la fiesta es la de un pueblo.
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De Isidoro el corralito
disfrutamos un ratito
Como ya es habitual,
Isidoro hizo consejo
gastronómico, en su haiga,
no le falta un elemento:
La maleta del Mercedes
de rastro  tiene el aspecto,
por su fondo  bien surtido,
bien de placeres repleto.
Desde la prensa del día
Hasta un recio , «Ballantines»
Que es un chupito ideal
«pa» después de los latines,
que la garganta se seca
al cantar con buenos fines.
Media docena de sillas,
plegadas con  gran esmero
tiene además Isidoro
allá en su maletero.
Un par de botas también,
esas botas de buen cuero,
esconde allí  condenado,
cuidándolas con esmero:
una para el vino blanco
y otra para el vino negro.
Y los hielos… allí están
brillantes y recién hechos.
Y por si hubiera problema
de manduque, también, creo,
que lleva allí una cecina
 y un lomo recién  abierto.
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No le falta biblioteca,
que  guardados allí dentro,
lleva quince o veinte libros
para su ratos de asueto.
Ni que decir tiene…quien
escribe estos malos versos,
se limitó  allí ojear
ese egregio suplemento
llamado aquí «Filandón»,
recuerdo de viejos tiempos.
Mas lo mejor de Isidoro
es que siempre tiene abierto
ese rastro-corralito
haga como haga el tiempo.
No es extraño que le tenga
todo el mundo gran afecto.
Que estos ripios que yo escribo
sean de reconocimiento
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Del retorno, nada sé:
Un servidor vino luego
de prisita hasta León,
madurando los recuerdos
de un día tan agradable
en los montañeses cerros.
Y así termina la Crónica
de Cubanillas, que ha hecho
desde el Alto del Romero
un paisano de estos trechos
del Camino de Santiago
y nada más…hasta luego.
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