El Centro de Día del Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo, realiza la 3ª etapa del Camino Francés.

Día 14 de abril. Astorga-Foncebadón.

Comenzamos la etapa encantados con el día que se nos presentaba climatológicamente, y con la total convicción de que las condiciones adversas del día 6 nos hubieran hecho casi imposible la ejecución de la misma.
Después de nuestro siempre deseado café en Astorga, emprendimos la jornada con enorme entusiasmo. En esta ocasión algún compañero no pudo hacer la etapa pero han venido Gloria hermana de Estrella y Ainhoa hija de José Carlos con la fuerza de su juventud que nos llena de ilusión. Así que el número de 39 peregrinos se ha mantenido en una etapa más.
Nos advirtieron que esta etapa era más dura que las dos anteriores, no sólo porque es más larga sino porque tiene mayor dificultad. No obstante estábamos escépticos pues hasta la llegada a Rabanal del Camino nos resultó muy llevadera y agradable. Sin embargo el último tramo hasta la Cruz de Ferro se nos presentó exigente, un ascenso de más de 600 metros de desnivel… Todo un reto, pero como dicen los expertos: A mayor dificultad, mayor satisfacción.
A pocos km de la salida de Valdeviejas nos encontramos con nuestro primer punto de interés: la Ermita del Ecce Homo, recientemente restaurada. Según cuenta la leyenda: Su fuente ahora seca albergaba un pozo en el cual se cayó el hijo de una peregrina, la madre suplicó un milagro y en ese momento las aguas del pozo crecieron a nivel de superficie salvando al muchacho del fatal desenlace.
Continuamos hacia Murias de Rechivaldo y Santa Catalina de Somoza, este  último pueblo fantásticamente cuidado y muestra de la Maragatería de nuestra provincia. Aprovechamos la ocasión para felicitar a todos sus vecinos por la conservación y cuidado de su patrimonio.
Pero hay cosas en el camino que no están previstas… te las encuentras o simplemente te percatas de que están ahí. Una entrañable anécdota antes de llegar a El Ganso, en una finca al otro lado de la carretera observamos como un hermosísimo mastín leonés dormía plácidamente; nos quedamos embobados viendo la escena y sin quererlo oímos unos ronquidos que procedían de aquella hermosa criatura, que dejaban constancia de que realmente era el ser más feliz del universo, al poco salió la hembra muy presurosa a defender su terreno… se nos asemejó a un cachorro de león en plena sabana… 
Con la serenidad más anhelada seguimos y encontramos un pequeño homenaje dedicado a Trudy Boukas 1942-2012, una enamorada del camino y pensamos en todas las personas tan diferentes que hemos pasado por estos caminos probablemente con muchas cosas en común.
¡El Ganso y media etapa conseguida! Cómo dicen los jóvenes de ahora “Nos vinimos arriba” y decidimos seguir hasta  Rabanal del Camino.  
El monte Teleno  presente durante todo el camino, con sus cumbres nevadas, lo tornasolado del día rozando las nubes y sus picos más altos, hace que el paisaje sea cada vez más bonito.
Cruzamos un bosque de robles; a nuestros pies se mezclan las raíces de los árboles con la montaña de pizarra y un olor maravilloso, la ausencia de tráfico en la pequeña carretera comarcal qué pasa unos metros más abajo hace que el contacto con la naturaleza sea percibido por todos nuestros sentidos.
Nos encontramos la asociación Gaudísse, asociación de lucha contra el cáncer infantil, Alberto un joven abuelo vecino de la Virgen del Camino vestido a modo medieval y con toda la parafernalia que conlleva su vestimenta sella y pone fecha con una enorme pluma de ave. Le acompaña un águila real de una docilidad increíble, es la única águila que tiene en su currículum haber hecho el Camino de Santiago. Alberto, qué cuenta en su haber ya 14 ediciones del camino muestra una  enorme paciencia, nos permite coger y fotografiarnos con el hermoso animal. No tocaba sellar credencial… pero era inevitable hacerlo así pues todos nos pusimos a la cola. Pero fue en ese emotivo instante cuando al llegar a sellar mi credencial: ¡Horror! ¡Me olvidé mi credencial! No daba crédito. Mi cara debía reflejar toda la tristeza y enfado del mundo, Alberto en un acto sincero y de claro consuelo para mi me dijo con enorme cariño: lo “realmente importante del camino es el camino” (sin sellos y sin adornos).
Y así continuamos nuestra ascensión pegados a una valla rematada con palitos que simulan cruces, lacitos de tela, de papel y todo tipo de pequeños objetos que muestran  un sentimiento, un recuerdo… probablemente de peregrinos que han pasado por allí y han dejado un pedacito simbólico de su corazón.
Llegamos a  Rabanal del Camino con muchísimas ganas de descansar para poder renovar fuerzas. Cruzamos el pueblo, en la calle principal saliendo de la iglesia nos cruzamos con un monje misionero cargado con una bolsa de laurel en una mano y en la otra agua bendita por ser domingo de Ramos. Nos preguntó de dónde veníamos y continúo su camino con energía. Despertó mi curiosidad y averigüé que se trataba de uno de los monjes misioneros del Monasterio benedictino de San Salvador del monte Irago, su casa fundacional se encuentra en Baviera al sur de Alemania, y aunque en los momentos actuales las aguas han vuelto a su cauce tuvieron en su momento duras controversias. Son unos monjes que se inspiran en el antiguo latín y ofrecen misa en diferentes idiomas.
Ante su devoción al caminante y la atención al peregrino, su idea inicial era haber fundado un nuevo Monasterio del siglo XXI en Foncebadón. Sin embargo, la donación de una vivienda antigua y grande en Rabanal hizo que se fundara en dicha localidad, enfrente de la iglesia románica de advocación a la Ascensión. La casa presenta un estado totalmente rehabilitado, sus ventanas están rematadas con rejas y un círculo interior que contiene tres conchas y tres  estrellas de ocho puntas. Decir que  la estrella de ocho puntas está llena de simbolismo para todas las culturas.
Después de nuestro merecido descanso cruzamos la carretera dejando a la derecha una fuente abrevadero con sus bancos. El  ascenso a Foncebadón empieza a ser importante, la dificultad del terreno exige mucha concentración, es el momento ideal para reflexionar. La pronunciada pendiente hace que el grupo se estire al igual que el rosario de colores dibujando una parte importante del trazado. Con esfuerzo llegamos al pueblo de Foncebadón, dejando atrás unos preciosos ejemplares de raza alpina y también unas enormes vacas blancas, caballos y varias aves revoloteaban ya en plena montaña. Mención especial a nuestro gran compañero el Cuco, que  no dejó ni un solo instante de animarnos a seguir subiendo. Dejamos también un gran surtido de plantas de montaña unas plantas con unas bolitas blancas que alguien denominó como zapatitos del niño Jesús el nombre me pareció precioso.
Pero aún nos quedaba el esfuerzo final: llegar a la Cruz de Ferro. Provistos ya de nuestras pequeñas piedras para dejar a los pies de la Cruz de Ferro, emprendimos el último e interminable tramo pues ya estábamos deseosos de llegar. En nuestro caso las piedras las habíamos llevado del río Bernesga a su paso por el puente de San Marcos, a los pies del parador donde reposa la imagen del peregrino, debajo del crucero mirando cansado y emocionado hacia el antiguo hospital, por ser el inicio de nuestro camino.
Después de nuestras peticiones, de la emoción y la alegría de haber concluido la etapa, unos minutos para la foto de recuerdo y regreso a casa.

A la vuelta, en el autobús siempre dedicamos un tiempo para reflexionar sobre  lo acontecido durante la etapa. En esta ocasión destacamos a Elvira y Ruth nietas de Ricardo e Israel nieto de Amparo, adolescentes que no dejan de sorprendernos cada minuto. Y ¿por qué? porque no dejan ni un solo momento de cuidar a sus abuelos, que tienen más dificultades que otros para realizar la etapa. Les van acompañando todo el trayecto, les ayudan en cada instante  y se respira ternura en cada acto. Un comportamiento desde luego ejemplar para muchos.
Y el día no deja de sorprendernos, Estrella nos entregó un pequeño regalito para cada uno de nosotros,  un lazo para colgar nuestra concha y dar un toque a la mochila, cada vez más peregrina. Terminamos la jornada en el autobús cantando y riendo. Poco a poco el grupo se va consolidando, vamos aprendiendo cada día más cosas sobre los demás pero también, sobre nosotros mismos. Y sintiendo lo que forma parte de nuestro lema “la vida es bella”.
Mª Lourdes Arias Lorenzana