El Centro de Día del Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo, realiza la 4ª etapa del Camino Francés.

Día 27de abril. Foncebadon – Ponferrada.

 Con el amanecer comenzamos la jornada, pues la distancia con el punto de partida empieza a exigirnos  madrugar más.
Mientras el autobús nos lleva a Foncebadón, comienzan nuestras primeras risas, pues oímos a nuestro compañero Jesús gritar: ¡Un corzo! ¡Un corzo! ¡De verdad, de verdad, de verdad! … ¡Allí!… (Jesús siempre está bromeando, pero en esta ocasión decía la verdad, nos recordaba al cuento de “Pedro y el Lobo”).  En los alrededores de San Justo de la Vega pudimos ver uno, otro y hasta tres bellísimos corzos corriendo por las tierras de la ladera de la carretera. Aproximándonos a Foncebadón, otro precioso corzo nos invita a frenar para prestarle la atención que le correspondía a él y a sus compañeros, que le esperaban al  otro lado de la carretera
Llegando a la Cruz de Ferro, intentamos encontrar la piedra y algunos objetos más que alguno de nosotros habíamos dejado apenas trece días antes. Resultó misión imposible y me doy cuenta que el paso incesante de  peregrinos, hace que nuestro paso haya quedado oculto a la vista de nuestros ojos (por un momento pienso en lo efímero de nuestro paso por el camino de la vida)…. 
Es momento para santiguarse enfrente de la pequeña capilla de Santiago Apóstol y emprender el camino.
Temperatura muy baja, comenzamos la etapa que se presenta con un desnivel de casi mil metros hasta llegar a Ponferrada y con una distancia aproximada de veintisiete kilómetros.
La lluvia y la nieve de los anteriores días dejó en los senderos unas pequeñas piscinas naturales de agua, pequeños regueros que fluyen siguiendo el curso del camino, el barro impregna nuestras botas y salpica nuestros pantalones. Nuestra marcha se vio ralentizada por ello. Ya lo dice el dicho: “lentos pero seguros”
Con toda la precaución llegamos  a Manjarín. Allí nos encontramos con el peculiar refugio inspirado en la orden del Temple, en su interior todo tipo de souvenirs, música gregoriana y ambiente templario. El hospitalero sintoniza  con el lugar y, como es propio de las buenas gentes del camino,  sella con agrado nuestras credenciales.
Dejamos atrás la barroca decoración del refugio y también dejamos la hermosa Maragatería. Nos  adentramos en el Bierzo, su paisaje nos inunda los ojos de colores, amarillo, lila, blanco, berenjena y varios tonos de verdes. Absortos por este baño de naturaleza, llegamos a un pequeño pueblo qué hace honor a la belleza del árbol del que toma el nombre.  El Acebo (cuenta Juan Uría, que sus vecinos estuvieron libres de impuestos al colocar ochocientas  indicaciones del camino), es la parada para reponer fuerzas.
A la salida del pueblo, al lado del cementerio, una pequeña escultura en forma de bicicleta metálica con bastón de peregrino, homenaje a un joven qué perdió la vida en el lugar, un pequeño azulejo con su foto y nombre. Y al lado sentimos a dos enormes mastines blancos  encargados de salvaguardar la finca de enfrente pero, creo, que igualmente vigilan la memoria del desafortunado joven
Continuamos nuestro camino por la carretera durante algo más de un kilómetro la presencia de las motos de la guardia civil nos alerta de la llegada de la vuelta ciclista a León. No conseguimos ver el pelotón. 
Nuestra joven Ruth, siempre con su sonrisa, hoy está  feliz pues ha venido su padre, Javi,  para hacer la etapa juntos. Buen recuerdo nos ha dejado, pues enseguida entendió la filosofía y finalidad del grupo mostrando su apoyo, su compañía y siendo un elemento más de unión entre nosotros.
A continuación nos adentramos en Riego de Ambrós, arquitectura totalmente berciana. Cruzando una calle de poco más de medio kilómetro, observamos sus tejados de pizarra, sus balconadas de madera, el suelo empedrado… todo ello exquisitamente cuidado.  
En este punto, hemos coincidido con diferentes peregrinos, pero hoy le dedicaré mi recuerdo a Pablo, un joven mexicano que en este momento comparte el camino con una joven china y otra japonesa. Nos cuenta  que ha comenzado su andadura en Saint Jean Pied de Port. Sus experiencias nos van dando la amplia dimensión de la importancia del camino. 
Seguimos descendiendo bajo un pequeño túnel de árboles que se entrecruzan proporcionando pequeños respiros con sombras. A nuestra izquierda  las primeras rampas forman unas pequeñas terrazas laterales, que nuestro Jesús aprovechó para sorprendernos de nuevo representando a un yacente, con toda su parafernalia, reímos a carcajadas su ocurrencia….  
Seguimos bajando acompañados de una peculiar banda sonora de la mano de nuestras  chicas del coro. En esta ocasión, animosamente, nos amenizan este complicado tramo ofreciéndonos un amplio repertorio de cánticos religiosos que nos traslada a todos a épocas de la infancia donde todos aprendíamos esas canciones casi como las retahílas de antaño.
La bajada empieza a ser realmente dura. La proliferación de piedras y roca de granito, el gran desnivel, el continuo zig zag,  minúsculas terrazas de peldaños irregulares forman la sinuosa bajada.  Mis rodillas parecen estar formadas de gelatina, las articulaciones de las piernas parece que cobran vida propia, no obedecen al cerebro. Una enorme lagartija se desliza entre mis pies, pierdo el paso, freno el peso de mi cuerpo con la mano. Me encuentro sofocada y sedienta y  el incierto final del valle me transporta mentalmente a «el descenso a los infiernos».
Levanto mis ojos al cielo, la luz del sol reflejada en la cima nevada de los montes  irradia una luminosidad casi sobrenatural; el canto de los pájaros; una mariposa de enormes alas amarillas se coloca a pocos  centímetros de mi cara  indicándome la continuación del camino, y un relajante sonido de agua consigue que me reponga en pocos segundos.
Aun así más de una decena de resbalones, dejándonos acariciar las rocas con nuestras manos, nos hacen pensar en el mucho trabajo que les hemos proporcionado hoy a nuestros ángeles,  nos han protegido en todo momento impidiendo que los traspiés, no lleguen nada más que intensificar nuestra atención.
Y sin buscarlo  se  cruza conmigo una pareja de mediana edad. Me preguntan sí soy de León. Me cuentan que vienen desde Ponferrada al encuentro de su tía Josefina. Les indico que su tía viene un poquito más atrás y me recomiendan que continúe por el tramo izquierdo del camino por ser un poco menos resbaladizo que la otra vertiente, agradezco su consejo. Os confesaré que Josefina es un miembro importantísimo de nuestro grupo que a sus  84 años de edad representa todo un modelo a seguir.
Me encuentro en este momento del camino con José Luis y por fin comenzamos a ver el final del valle y, abriéndose  paso, el río Meruelo. Ambos sentimos lo relajante de su sonido y el sosiego que nos reporta después de la dura bajada.
Metros antes de entrar en Molinaseca, Israel, nieto de Amparo, me anima a que me siente en el suelo a recuperar fuerzas. Me doy cuenta de cómo el Santuario de la Virgen de las Angustias del siglo Xll nos invita a entrar en la Vílla.
Entramos alegremente en Molinaseca por el Puente Medieval de Peregrinos, empedrado del siglo Xll, su nombre se cree que viene originado por la cantidad de  molinos que trabajaban a orillas del río Meruelo, que, a su paso por la Vílla, y en época estival cuenta con unas compuertas que lo convierten en una piscina natural.
Nuestro bocadillo estaba ya a pocos metros, Ezequiel me comenta lo divertido de sus fiestas patronales. Se celebran el quince de agosto, una procesión desde la ermita de la Virgen de las Angustias da comienzo a sus animadas fiestas con grandes orquestas y hasta una batalla popular de agua muy afamada en toda la comarca del Bierzo. Cruzamos el puente y a comer en una preciosa explanada dotada de pista de baile, zona arbolada y césped en el margen del río. 
Con fuerzas renovadas, retomamos el camino y el recuento del grupo, de forma espontánea, Eva y María Jesús comienzan un arco con los brazos que continúa con la réplica del resto de miembros del grupo. Nuestros bastones y palos de peregrino se alzan a modo de arco de sables  de  boda militar.
Jolgorio, risas, retazos de canciones, bromas  durante toda la calle provocando la complicidad de los vecinos. Continuamos cruzando la villa de edificios de piedra y casas blasonadas  que hicieron que en 1975, esta villa fuera declarada  Conjunto Histórico Artístico.
Al final de Molinaseca, un cruceiro con una pequeña escultura del crucificado acristalado, y en pocos metros, esculpido en piedra a tamaño real portando en su brazo izquierdo un libro, El Apóstol nos despide de la villa.
Afrontamos el último trecho después de una subida cómoda y no demasiado pronunciada… a  nuestros pies Ponferrada. Pero la intensidad del calor de la tarde hizo que este último tramo se hiciera largo y costoso. El destino parecía inalcanzable pero por fin estamos a las puertas del Albergue San Nicolás de  Flue. Grande, y atendido por voluntarios, no es solo un lugar para el descanso del cuerpo sino también para reconfortar el alma, dónde se imparte misa diariamente y la bendición al peregrino, dependiendo de la iglesia parroquial de Santa María de la Encina y del obispado de Astorga.
En la capilla una concha gigante decora, a  modo de pila bautismal, su libro de escrituras en la parte delantera del altar y diversas vírgenes de la misma época colocadas en los laterales. El retablo principal, dedicado a la Virgen de su titular «la ermita de nuestra señora del Carmen» del siglo XVll invita a la oración. Después de unos segundos de meditación, agradecer a la Virgen y a Santiago la feliz conclusión de la etapa.
Intento conjugar, expresar algo que resuma todo lo que he vivido, sentido, compartido, en esta etapa, lo que siento…  en mi mente hay un montón de adjetivos, pero me quedo con : “Superación, Dedicación y Vocación”. 
«Lo que ocurre en el camino se queda en el camino»
De vuelta al autobús,  incansables durante todo el trayecto cantamos, reímos y hablamos de un montón de cosas que nos han ocurrido, que ocurren y ocurrirán, pero como siempre decimos en el autobús: «Lo que ocurre en el camino se queda en el camino»
Porque ciertamente,  y  como dice Jesús: «¡De verdad, de verdad, de verdad, la vida es bella!”. 
 Texto .Mª Lourdes  Arias Lorenzana