El Centro de Día del Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo, realiza la 5ª etapa del Camino Francés.

Día 19 de mayo. Ponferrada-Villafranca del Bierzo
Una etapa de aproximadamente 24 km sin grandes desniveles, se considera un periodo de  transición, pero en nuestro caso nunca es así.
En una fresca mañana de primavera comenzamos desde el Albergue de peregrinos de Ponferrada. Son las ocho y media una hora perfecta para disfrutar de esta villa casi dormida en una jornada dominical.
Y mientras cruzamos sus calles observamos cómo, desde la confluencia de los ríos Boeza y Sil en la colina, se encuentra el fabuloso Castillo del Temple, románico de 1178 construido bajo el reinado de Fernando ll de León. El conjunto lo componen un palacio renacentista, un castillo viejo y tres barreras de defensa, pocos años después los caballeros templarios amurallando un recinto consiguen convertir puente de Ferro en una villa. Los monjes guerreros del Temple eran los encargados de salvaguardar la comarca de los peligros que pudieran acechar a los peregrinos. Soy peregrina y me hace especial ilusión imaginar a los Templarios en aquellos años y el espíritu de los peregrinos que ya se dirigían hacia Santiago en la Edad Media.
Continuamos nuestro paso dejando atrás el Museo de la Radio, la Basílica de la Encina neorrománica y la plaza Mayor. Cruzamos Compostilla.
Una nueva aventura de la naturaleza se presenta en esta etapa: Las vides. Los primeros cultivos de vid se presentan dándonos la bienvenida a una comarca hermosa. Antes de llegar a Columbrianos podemos contemplar la iglesia de San Esteban. Cruzamos el centro del pueblo y la pequeña Ermita de San Blas muestra un pequeño cuadro en honor a los peregrinos.
La comarca es una llanura abrigada de montañas que impide la entrada del viento Atlántico generando un microclima que proporciona las condiciones óptimas para el cultivo del vino, “Mencía” en su variedad de tinto.
En una gran labor de voluntariado los vecinos de Fuentes Nuevas nos comentan el gran trabajo de restauración que están realizando desde hace más de ocho años en la auténtica joya del pueblo: la iglesia parroquial de la Asunción. Están dejando a la luz unos preciosos frescos ocultos en las bóvedas, bajo varias capas de cal, presidiendo el retablo principal Nuestra Señora de la Asunción del siglo XVlll. San Esteban y San Francisco de Asís a ambos lados con una gran cantidad de cariátides (escultura de hombre) y telamones (escultura de mujer formando una columna) completan el retablo. La pequeña parroquia muy amablemente acredita nuestro paso con un sello grande y bonito de Nuestra Señora de la Asunción. Atrás dejamos un cruceiro con Santiago peregrino y un crucificado, la ermita del Divino Cristo apodada de la Veracruz de 1662 y que fue construida con 300 reales.
Los pueblos están sumidos en un profundo sueño y esto hace que nuestro peregrinaje sea tranquilo y armónico. 
Atravesamos Camponaraya una población de poco más de un kilómetro. Cruzando el río Reguera de Naraya, nos adentramos en la olla del Bierzo, el tramo, es uno de los más relajados del camino los cuidados viñedos y algún que otro chopo configuran el paisaje. 
Por fin llegamos a Cacabelos, es hora del ansiado café. El movimiento de la gente en la villa se empieza a notar en torno a la ermita de San Roque y el centro del pueblo donde cafés y terrazas comienzan a llenarse de gente pues nos acercamos a la hora del vermut. En Cacabelos, una cuidada villa, visitamos la ermita de San Roque ubicada en la calle Santa María. En ella se exhiben como museo varias tallas bien cuidadas, algunas de ellas en sus pequeños tronos para procesionar.
 Al lado de la iglesia de Santa María, que cuenta con un ábside románico y en su pórtico una Virgen del siglo XIII siendo reconstruida en el XVl, es el lugar escogido para nuestro café.
Nuestra reagrupación comienza con el recuento en forma de arco, que ya se consolida como un clásico e imprescindible, y con la participación y la complicidad de todo el grupo, reímos y bromeamos nos encontramos pletóricos de ánimo para afrontar el último tramo.
Bordeando toda la ladera con algún pequeño tobogán, continúa nuestro camino por la pequeña localidad de Valtuille de Arriba,  al otro lado del valle divisamos nuestro destino en esta ocasión Villafranca del Bierzo.
Se desliza nuestro rosario de colores entre viñas y villas, voces cantarinas, distintos tonos de voz que se entremezclan, y a veces silenciosas.
El paisaje es inmejorable pudiendo divisar todo el valle, nos evoca a paisajes desconocidos. Nuestra compañera Camino comenta tener la sensación de estar en la Toscana italiana, algún pequeño conejo sale a nuestro paso y la frondosidad de cerezos que en algunos momentos se entrecruzan a ambos lados del camino, atenúan el sol que ya luce con fuerza. Es inevitable acercarse a los cerezos y probar este suculento manjar que nos ofrece la naturaleza.
En este punto de la etapa vamos recordando que en el año 813 tras el descubrimiento del cuerpo del apóstol comienzan las peregrinaciones a Compostela. Las dificultades para atravesar el camino hacen que surjan poblaciones privilegiadas para la asistencia a los peregrinos, y Villafranca del Bierzo sería una de ellas por ser la antesala del angosto valle.
Los monjes franceses cluniacenses se establecen en la villa para la atención del peregrino en 1070, comerciantes franceses se empiezan a implantar también en el lugar y a mediados del siglo Xll la mitad de la comunidad ya era extranjera, gallegos y gentes de otras poblaciones forman el resto de la población, durante siglos la villa tuvo privilegios e incluso dos registros diferentes de cuentas, una para franceses y otra para los españoles.
La puerta del perdón recibe al peregrino, el Papa español Calixto lll (Alfonso de Borja) (1455-1458) concede a los peregrinos enfermos e impedidos que pasen por su puerta, las mismas indulgencias que si hubiesen llegado a Santiago. Allí nos dirigimos como punto que da por finalizada nuestra etapa de hoy. 
El claustro del convento de los padres paules será un incomparable marco para nuestra comida, aplacadas el hambre y la sed llegaría el momento de convivencia, empatizamos y proyectamos nuevas jornadas de ocio en común, juegos y risas son el preludio de nuestro regreso al autobús.
La ausencia de sueño la noche anterior y la jornada de caminata, acentúan nuestra sensación de cansancio. Canciones bromas y juegos son el empuje para conseguir llegar a casa.
En esta ocasión el ángel que nos acompaña de regreso a casa, se nos presenta en forma de Alodia que con veinte meses de edad y su sonrisa logró mitigar todas nuestras heridas….
Camino que nace y muere en una sola jornada, porque realmente la “vida es bella”
Mª Lourdes  Arias Lorenzana