El Centro de Día del Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo, realiza la 6ª etapa del Camino Francés.

Día 8 de junio. Villafranca del Bierzo-O Cebreiro.

Comenzamos esta nueva andadura en Villafranca del Bierzo. Hoy  nuestro café se hace más necesario que nunca pues cada día madrugamos  más  y la etapa que se nos presenta  somos conscientes que no va a ser fácil. La mañana presagia buenas vibraciones y climatológicamente el día es perfecto. 

Un nuevo paisaje y gama de colores verdes nos coge de la mano a partir del túnel de Villafranca del Bierzo  y nos acompañara toda la etapa. Sin apenas darnos cuenta llegamos a la pequeña aldea de Pereje,  una localidad llena de historia como todas las que en este día atravesaremos. Cuenta la historia que el Abad de O`Cebreiro monto un hospital de peregrinos y una iglesia en la localidad (Santa María Magdalena) , pero al pertenecer a la abadía de Villafranca, se generó un conflicto en el que tuvo que intervenir el propio rey Alfonso IX de León, viéndose involucrado el Papa Urbano II. Finalmente Villafranca se quedaría con el territorio y en 1833 en la última división territorial de España pasaría a formar parte definitivamente de la provincia de León.

El grupo camina con muy buen ritmo, nuestra pequeña Ruth coincide con una peregrina canadiense y durante un buen trayecto conversan en inglés, siendo una experiencia para ambas muy gratificante. Y superando con creces la previsión horaria, llegamos a Trabadelo, localidad cuyos orígenes se remontan a los romanos que contaron con explotaciones mineras de oro en los aledaños de la zona.  Fue repoblada por el obispo Gelmirez en 1068 personaje  crucial en la época, llegando a ser arzobispo de Santiago en 1040 e impulsor de la construcción de la iglesia de Santiago.
En Portela de Valcarce nos recibe una estatua del peregrino y a sus pies una placa que marca la distancia desde Roncesvalles y la que aún nos queda hasta Santiago.  El nombre de la localidad tiene su origen en la antigüedad, Portela (peaje), los señores feudales cargados de privilegios obligaban a un peaje a todos los peregrinos que caminaban en dirección a Santiago. Alfonso VI suprimió  este portazgo en 1072, aunque tardo en hacerse efectivo muchos años. Continuamos hacia Vega de Valcarce charlando alegremente con vecinos y algún peregrino que nos rebasa. 

El camino se empieza a recrudecer a nuestro paso por Ruitelán, otro lugar emblemático del camino. La capilla de San Froilán se alza sobre la cueva dónde habitó entre los siglos lX y X San Froilán (un eremita), cuenta la leyenda que en su retiro espiritual fue atacado por un lobo que el santo consiguió domesticar, siendo el animal el encargado de acompañarle portando sus libros en unas pequeñas alforjas, caminando siempre al lado de su pierna derecha, murió siendo santo, obispo de León y patrón de Lugo.
Llegamos a Herrerías lugar escogido para reponer fuerzas y nuestro anhelado descanso. Y como dice el refrán” llenando la panza vendría la danza”. Es nuestro tiempo de descanso, bromas, charla… mientras nos vamos mentalizando de los últimos ocho kilómetros que nos esperan para finalizar el día. Todo el mundo nos habla de la gran pendiente, temida por su dureza y amada por su belleza.
Y así, comenzamos el frondoso  ascenso con  el sonido del río fluyendo en los primeros metros. Sin casi darnos cuenta nos adentramos por un túnel boscoso, al corazón de la montaña.  Y como en un cuento de hadas el ascenso nos va revelando varios de los valores y misterios de esta mágica senda: el “compañerismo” con esa sonrisa de la persona que nos acompaña y me tranquiliza, mientras mi corazón abatido marca 147; “la nueva vida”, un pequeño ternero  que tira de la ubre de su madre que relajada e inmóvil deja hacer lo que la madre naturaleza marca;  “la inteligencia y nobleza” de los caballos que  acortan la dura senda de algún que otro peregrino que va en su lomo. “la protección” del  perro fiel qué escolta al rebaño y acompaña  a sus amos con sumisión y obediencia. “la alegría” en los pájaros que proporcionan una banda sonara inmejorable; “el consuelo” en una vecina que desde su casa nos alienta para fortalecer nuestro ánimo.
Los colores y los olores nos invaden y la grandeza del terreno nos invita a reflexionar sobre nuestra insignificancia, dándonos una lección de humildad. Y yo personalmente empiezo a sentir esa fascinación mística y misteriosa que los peregrinos no saben definir, esa fuerza atrayente e inexplicable, el atractivo del reto personal, esa energía que en momentos nos parece sobrenatural y acrecienta nuestra necesidad de creer, nuestra debilidad nos obliga a  compartir el afecto, y el sufrimientos nos fuerza a buscar el apoyo en el compañero. 
Los Ancares forman una frontera natural entre las provincias de León y Lugo, sentimos que no estamos demasiado lejos de coronar el puerto.  El bucólico paisaje se configura de diferentes formas en pocos metros, nos preguntamos sí es la cordillera izquierda, o si realmente lo que embriaga nuestros ojos es lo que vamos dejando al sur, en la provincia de León.
Por fin llegamos a un emblemático punto del camino, un enorme mojón nos anuncia  que entramos en Galicia. Atrás dejamos nuestra amada provincia, la provincia con más kilómetros de Camino de Santiago.
Como diminutas gotas de colores avanzamos y alcanzamos a ver la iglesia de Santa María en lo alto de O’Cebreiro, es el lugar elegido para sellar nuestra credencial. El misticismo del lugar consigue atraernos con fuerza y no podemos renunciar a rezar una oración, recordamos nuestro ofrecimiento, nuestra motivación,  y agradecemos la feliz conclusión de la dura y bella etapa. El logro más gratificante: sentir y percibir emociones de una manera que no es habitual.
El regreso a casa se hace especialmente dichoso, sabemos que será un momento de risas y bromas entre los compañeros, todos con la felicidad en el rostro, planeamos nuevas etapas. 
Y ya reímos y soñamos con lo divertido del próximo proyecto que se nos presenta.
Hoy más que nunca “la vida ha sido bella”.
María Lourdes Arias.