El Centro de Día del Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo, realiza la 7ª etapa del Camino Francés.

Día 22 de junio. O Cebreiro-Triacastela

Una fresca mañana nos recibe, pero necesitamos combatir nuestro madrugón con un estimulante café. Hoy contamos con tres nuevos integrantes. Estamos seguros de que su participación resultara enriquecedora para el grupo.

Comenzamos en O Cebreiro. Esta localidad cuenta con varios albergues, suelos empedrados y pallozas todo ello completa un perfecto paisaje, que gira en torno al santuario de Santa María la Real. Cuenta la leyenda que Isabel la Católica intento llevarse las reliquias de O Cebreiro para que recibieran mejor culto. La comitiva llegando a Pereje se detuvo, los caballos dieron la vuelta y regresaron nuevamente a las puertas de la iglesia de Santa María, ante este suceso los Reyes Católicos ordenaron que las sagradas reliquias continuaran para siempre en O Cebreiro.
La suerte nos acompaña siempre, pues el día se nos presenta espléndido. Nos adentramos en Galicia tierra de castros celtas, nieblas, meigas y la fascinación de la naturaleza; necesitamos salir a buscarla ella no irá a ti.
Iñaki nos relata alguna secuencia de la película «El bosque animado» y el paisaje nos parece idéntico. Es el momento idóneo para ver de nuevo el filme.
Liñares será la primera parroquia que atravesaremos en la jornada de hoy a (1230 m de altitud) y descubrimos su pequeña iglesia prerrománica de San Esteban. Y así llegamos al Alto de San Roque (1275 m), entre nubes y sol brilla en bronce una bella y gran escultura de un peregrino, ataviado al modo medieval, que camina contra el viento. Ese será el lugar escogido para nuestra fotografía de grupo. A los pies de la escultura descubrimos nuevamente multitud de pequeñas piedras con dedicatorias o peticiones. Una de ellas atrae mi atención al leer este mensaje “encontraremos el amor verdadero al final”.
Continuamos la senda con subidas, bajadas y la vista se dilata, se expande hasta el infinito. Llegamos a Hospital da Condesa (1242 m), debe su nombre a la fundación de un hospital promovido por la condesa doña Ejilo en el siglo lX, la iglesia también románica es un claro exponente del estilo montañés de la zona. La parroquia de Padornelo es nuestro punto de partida de una corta pero durísima cuesta al Alto del Poio (1337m). Entre la sierra de Ancares y Courel, el punto más elevado del Camino Francés en Galicia. Llanearemos algo más de 3 km consiguiendo llegar a Fonfría, (1290 m), localidad que contó con un antiguo hospital de peregrinos (Santa Catalina). 
El reducido tamaño de las aldeas queda compensado por la grandiosidad y hermosura del paisaje. La belleza de los bosques de roble, acebos y soutos de castaños con sus troncos vestidos de hiedra y repujado su apoyo de tupida vegetación. Los campos brillan de diferentes tonos de fresco verde, multitud de flores  de todos los colores, consiguen el sosiego de mi corazón.
El descenso hacia el valle ya se percibe a nuestro paso por O Biduedo (1190 m), podemos admirar el monte Oribio (1443 m). La ermita de San Pedro a través de una pequeña ventana nos permite ver su pequeño retablo y alguna placa lapidaria que recuerda a algunos de sus vecinos.
Andar es el trabajo del peregrino aliviado en algunos momentos por el cántico. Cantando, meditando, hablando se camina, pero importantes son también los silencios que muchas veces expresan más que las propias palabras. Y así con la mente relajada intentamos conectar con nuestra alma. El sol brilla, ilumina el valle verde, sí bien angosto. Descubrimos como si de un túnel se tratara  las corredoiras, arbolado en ambas laderas que nos acompañará durante varios tramos.  
Nos adentramos en el concello de Triacastela, Fillovial (957m). Un cuidadísimo hórreo nos recibe y un fantástico puesto de frambuesas nos despide.
Este último tramo comienza a ser mi preferido: los peregrinos ante la falta de fortaleza física recurrimos a la mental y nuevamente es el momento de las emociones, la sensibilidad aflora, está en todos los sentidos de nuestro cuerpo. Transpira por los poros de la piel, una mirada un gesto, una caricia en el brazo, una sonrisa… todo ello nos nutre de energía para afrontar los últimos kilómetros.
Gloria sin pretenderlo atrae nuestra atención con sus conocimientos en floricultura y consigue que la escuchemos embobados. Nos muestra unas diminutas y delicadas flores ligeramente moradas denominadas «lágrimas de la virgen», a mí personalmente me ha parecido un nombre tan bello como lo es la propia flor. Carmen deposita en mi mano los pétalos de una rosa para que aspire su aroma, (este momento no lo superara ni el mejor de los ramos).
Cruzamos los campos mientras las vacas de precioso color canela nos observan, el canto de pájaros, el olor de multitud de flores y la tentación de incipientes frutos de montaña nos acompañaran en todo el trayecto y siento que a veces nos faltan palabras y otras creemos falsamente, que nos sobrara tiempo para decirlas. 
Pasantes cuenta con una capilla pequeñita, con las dimensiones de una habitación (probablemente la capilla más pequeña del Camino de Santiago.) Antes de entrar en Ruitelan, el contacto visual con un pequeño grupo anterior, nos reconforta y nos sentimos más arropados. Nos confiesan a su vez, que la dureza de la bajada está haciendo mella en sus cuerpos, nos animamos mutuamente y decidimos disfrutar el final de la caminata, ¡prestaremos más atención a lo qué sucede en torno a nosotros!
Ramil (698 m) nos recibe con sus centenarios castaños, atrae nuestra atención uno en especial, de más de 800 años, con un perímetro de 8,5 metros. El castaño se retuerce en mil filigranas, hipnotizando nuestra vista, y nos obliga a detenernos para admirar su belleza. Unos segundos más tarde la filigrana se muestra en múltiples formas en la parte superior; recogido en un pequeño cuenco creo ver un misterio, múltiples caras deformes se deslizan por una de las paredes de su tronco, un pequeño caballito de mar se protege en uno de los varios cuencos, la cabeza de un caballo se sujeta al gran árbol por sus crines, una pequeña rama apunta al cielo con firmeza, y una nueva y joven bifurcación del tronco nos indica la continuación del camino.
Seguimos por la larga Rúa llamada del Peregrino, entrando en Triacastela, atribuida su fundación a Alfonso lX, aunque a finales del siglo Xll y durante el Xlll, son hallados multitud de restos arqueológicos y castros, (su propio nombre podría hacer referencia a tres castros) ¿o tres castillos? Continuamos un agradable paseo por la Rúa Santiago, a nuestra izquierda nos encontramos la iglesia románica restaurada en el siglo XVlll  y dedicada a Santiago; luce en su torre una escultura del Santo, el cementerio de la localidad esta anexo a la iglesia. Es la localidad elegida para poner fin a nuestra etapa.
Terminamos la jornada con el bocadillo y la cerveza tan gratificantes. En el café Nieves y Elvira sacan sus panderetas y nos dan el toque perfecto en estas tierras gallegas con piezas musicales tradicionales que proporcionan la banda sonora a un día perfecto. 
Retornamos a casa intercambiando experiencias, anécdotas que permanecerán siempre en la memoria colectiva del grupo. Improvisadas intervenciones de diferentes compañeros nos hacen reír despreocupadamente y seguimos planeando nuevas cosas para hacer todos juntos en un futuro… Y siempre tengo la misma sensación, a veces creemos necesitar lo que ya tenemos, nuestro presente que constata una y otra vez que “la vida es bella”.
Texto . Mª Lourdes Arias