CAMINO DEL NORTE: Por tierras de A Mariña lucense – 15 y 16 de septiembre de 2012

Día 15 Etapa: Playa de Arealonga-Barreiros-Mondoñedo
 
Llega septiembre y retomamos nuestra andadura como escolares de vuelta al cole.
Tras madrugar después de las vacaciones (aquellos que aun tenemos la suerte de disfrutar de un trabajo o estar jubilados), nos encontramos medio centenar de compañeros y amigos a las 7 de la mañana en Santo Domingo. Aun es de noche, con lo que vamos contemplando el amanecer de camino a Asturias. Unos duermen y otros se ponen al día después del descanso veraniego.

A las 10:30 llegamos al aparcamiento del restaurante Yenka, junto a la playa lucense de Arealonga, próxima a la playa de las Catedrales. Un buen desayuno en una mañana que promete ser soleada y tranquila.
En esta etapa nos acompañan varios miembros de la Asociacion “Abriendo camino” de Amigos del Camino del Norte, de Mondoñedo, encabezados por su presidente Luís Fernandez Anseres.
 
Retomamos el Camino que dejamos en junio, por un paseo que bordea toda la costa de Barreiros. Vamos encontrando una sucesión de playas bajo el acantilado, que a nuestro paso permanecen como una continuación unas de otras, ya que la marea está baja y eso deja una franja importante de arena al descubierto. Esta característica, que a los leoneses acostumbrados  al Cantábrico nos parece normal, para gentes de mares como el Mediterráneo, es algo llamativo, ya que allí las mareas son casi imperceptibles. Estas playas con marea alta se quedan reducidas a pequeñas calas aisladas con poca arena sobre la que extender una toalla. Debido al buen día que hace y las fechas vacacionales, encontramos mucha gente disfrutando de paseos por la arena y algunos atrevidos jugando con el oleaje y remojándose.
Este impresionante y refrescante (solo en mente) paseo por la senda de las playas nos lleva aproximadamente  unas dos horas en las que, todo hay que decirlo, no apetecía ir muy deprisa, sino contemplar la mar e inmortalizarla en nuestras cámaras para disfrute cuando estemos en nuestra tierra. Aunque lo que realmente apetecía, era descalzarse y dejar que el Cantábrico salpicara nuestros cuerpos, pero no había tiempo.

Nos reencontramos todos al final del paseo costero, en el restaurante Moby Dick. Tras un breve descanso regado con una cerveza con vistas a la playa, retomamos la andadura por una carretera que nos llevará hasta el restaurante El Asador, en un cruce de carreteras, donde hemos decidido dar por terminada la marcha de hoy.
Pero esa decisión de acortar la etapa no es por cansancio, sino por cultura. Luís, nuestro presidente, y el presidente de la Asociación de Mondoñedo, han conseguido concertarnos una visita a la Basílica Menor de San Martin de Mondoñedo con Suso Fernandez, cronista de Foz.
Tras la comida, pues, nos desplazamos en el autocar a San Martin de Mondoñedo y visitamos el exterior de la Basílica. Se trata de una iglesia románica del siglo XI con unos recios contrafuertes del siglo XVIII. En esta “Catedral” se establecieron dos obispados en el siglo IX, cuando se realizaron las primeras obras.

 Tras una interesante explicación y visita guiada por su interior, que agradecemos a Suso, pasamos a ver la Casa Rectoral que se está habilitando para museo, con los cuadros-escultura del artista catalán Queralt Blanch, que nos muestra su trabajo en persona, y al que agradecemos su atención y felicito, aunque ya lo hice personalmente, por su trabajo, tan innovador e interesante.

Una vez terminada la visita, y con Luís Fernandez Anseres como guía, nos acercamos a Foz para recorrer sus calles desde el autocar, dirección a Mondoñedo. Por el camino nos explica la historia que salpica Mondoñedo, entremezclada con sus leyendas, lo que hace que el trayecto parezca mas corto.
Y para rematar el día, alojamiento en la Hospedería del Seminario de Santa Catalina de Mondoñedo. Un lugar perfecto para aquellos que gusten del recogimiento y la tranquilidad.
Una ducha y disfrutamos de una cena servida por dos amables trabajadoras del Seminario.

Terminada la cena, un paseo por la calles de Mondoñedo, unos cafés en sus terrazas y como no, un poco de futbol en la noche del sábado. Y a descansar que aun queda un día por delante.

Mi crónica del domino se reduce a un interesante paseo por las calles de Mondoñedo, un pueblo tranquilo y acogedor, ya que por motivos que no vienen al caso, mis etapas están siendo mas cortas de lo deseado. Pero la Crónica nos la relata a continuación Rosa Morán.
Y a las seis, de nuevo, retomamos el camino hacia León, aunque esta vez el descanso en el autobús se vio considerablemente mermado por el exceso de energías que algunos compañeros acumularon, algo que resultó novedoso, pero que no agradó a todos.
Y ahora a esperar hasta el día 15 de octubre en que nos veamos en las Jornadas Jacobeas.
                                                    Textos y fotografía: Marta Román

Día 16 Etapa: San Martiño-Masma-Mondoñedo
Después de desayunar en el Seminario Santa Catalina, nos dirigimos en el bus hasta el cruce de Dirau-Ermida -con problema técnico incorporado, por el tamaño del autobús- donde inician la marcha la mayoría de los compañeros. El resto -10 personas- fuimos hasta Masmadonde después de reponer “fuerzas” en el bar, reanudamos la marcha por el puente medieval que cruza el río Masma con su monumento al pescador.
A partir de ahí nos adentramos por camino asfaltado, paralelo al río, lleno de  eucaliptos, prados con vacas, algún aprisco de ovejas, una parroquia y sobre todo mucha paz.
Continuamos camino siguiendo la señalización  Ruta Camino Real” y las cintas amarillas, hasta llegar a la finca “El Remanso” propiedad de Luis Fernández Anseres, nuestro anfitrión estos días.

          Frente a su casa, en la ladera del monte y en el paraje llamado “Lama de Ras” visitamos la ermita de San Ramón(1726) y un  pequeño cementerio con una tumba de 1880 y otras muy antiguas.

En el interior de la ermita pudimos contemplar la imagen del santo, muy apreciada en la zona, y un curioso confesionario, cerrado como un armario, con una profundidad de 25 cm., pero cuando se abrían las puertas se convertía en uno convencional.

Posteriormente pasamos a el “El Remanso” para visitar su jardín con sauces y hortensias de grandes dimensiones y rodeado de un río de aguas cristalinas en el que saltaban los peces.

Allí iban llegando los “más andarines” de nuestros compañeros y juntos disfrutamos del aperitivo que nos ofreció la Asociación “Abriendo Camino” de Mondoñedo: tortilla, empanada, vino de la ribera sacra, refrescos y fruta de la huerta ¡todo un lujo, en un lugar encantador!
            


Desde aquí continuamos caminando hasta el área recreativa de la “Fervenza”, donde nos recibió una bonita piscina fluvial, descendimos unas empinadas escaleras y llegamos a unas maravillosas cascadas.

Cruzamos un  puentecillo de madera  recién construido y a través de un pequeño y bonito camino salimos a la carretera donde nos esperaba el autobús para llevarnos a Mondoñedo y disfrutar del caldo gallego, pulpo, tarta, etc. y compartir, con alegría y risas, las anécdotas vividas en la etapa: compañeros que se despistaron porque no vieron la señalización en un cruce, la oveja descarriada, que quería acompañarnos en nuestro caminar y los compañeros ejerciendo de “pastores” pero con poco éxito, los cazadores que tuvieron la deferencia de espera a que pasáramos todos para realizar una batida a los patos de la laguna, etc.  

Después de este agradable rato, pequeño recorrido por la ciudad para disfrutar de la visita a la catedral y sus bonitos rincones y a la hora prevista, regreso para León.

           

Dos jornadas muy completas que además de realizar el camino por esta variante poco conocida, nos ha permitido establecer mayores lazos de amistad con nuestros compañeros de la Asociación “Abriendo Camino”, que tanto están trabajando por esta  ruta y a los que agradecemos su acogida y todas sus atenciones con nosotros.
                      

                                                                                                 Textos: Rosa Morán
                                                                                                  Fotografia: Isabel Borrego

RIPIOS DE MONDOÑEDO




Pasadas que fueron ya
esas estivales fechas
que a todos hartos, cansados,
y deshechitos nos dejan,
el Camino renació
con sus eternas sorpresas,
más llamativas aun
si son en tierras gallegas,
como fuera nuestro encuentro
en las marineras tierras,
haciendo nuestro camino
por aquel paseo de piedra
tan cómodo y recoleto,
contemplando las arenas
de aquellas playas tan limpias,
tan bellas y tan serenas.
Continuación cierta eran
de aquella playa, la última,
que antes del verano vieran
nuestros ojos, asombrados
por su cielo y por sus peñas:
Playa de las Catedrales,
en nuestros ojos nos dejas
una sombra de nostalgia
que la brisa allá se lleva;
allá donde se disipan
siempre  las malas ideas.

Camino tan agradable
y una mañana tan bella
hizo a nuestro caminar
una experiencia halagüeña.
Sin comerlo ni beberlo
(de comer hora no era)
nos plantamos en un verbo,
sin cuenta darnos siquiera
en un recinto muy regio
donde manducar pudieran
los peregrinos leoneses
y la gente que quisiera.

El Asador fue, en efecto,
para nosotros la venta,
en la que, sobrios y serios,
dimos bien cumplida cuenta
de los sabrosos productos
que había en nuestra merienda.
Serios fuimos allí todos:
el recinto, con su estética
hotelera y gastronómica,
parecía que lo exigiera.

……………………………

La tarde fue una experiencia
artística  que nos deja
sumidos en la emoción
de ver esas nobles piedras
del antiquísimo templo
que nuestros ojos contemplan:
Templo de Santo Martiño,
la catedral, por más señas
más antigua de esta España
tan triste y zaragatera.
Vivida aquella emoción
de tan intensa belleza,
acompañados del guía
de comunidad gallega,
Luis Anseres nos narraba
Luis Anseres, él nos cuenta
las excelencias que pronto
disfrutaremos de cerca.
Y nos promete, gentil
que al día siguiente nos lleva
a despachar en su casa
unas  muestras de esta tierra:
Pinchitos de empanadiñas,
con alguna tortilliña
y un vinito de sus cepas.
¡Eso sí que es gallardía,
y regias, buenas maneras,
las típicas de un gallego
elegante de esta tierra.
Luis Anseres demostró
serlo con gran excelencia.

Burla, burlando aquel viaje
nos deja, sin darnos cuenta,
en aquel bello poblado,
Mondoñedo por más señas.
Villa clerical, histórica,
henchida está de leyendas
clericales de las que
el seminario es la muestra:
Monumento recio, serio,
las glorias que antes tuviera
patentes para nosotros
se nos hacen en sus piedras,
piedras de recio granito
con humanísimas huellas
de aquellos seminaristas
que, hace un siglo, allí vivieran.

Cena y paseo nocturno
por nocturnales callejas
nos hicieron revivir
los encantos que allí quedan
como símbolo indeleble
de la cultura gallega.
…………………………….

El domingo, bien prontito,
iniciamos nuestra senda
con esa ayuda mecánica
que nuestro autobús nos presta.

Un día radiante nos guía,
un día radiante nos lleva
a la casita  de  Anseres
casita  que…¡ es una  hacienda!,
rebosante de frutales,
de rosales y otras yerbas.
Y pudimos comprobar
de Luis allí  largueza
que, todos lo recodamos,
es palabra que nos lleva
a decir  la esplendidez
generosa que él se nos muestra.

Empanadas hubo allí
y tortillas que nos dejan
ese excelente sabor
de las gallinas auténticas,
y, si no de las gallinas…
de los huevos que pusieran.
No faltaron excelentes
frutas de aquella su huerta
que endulzaron aquel ágape
de aquellas benditas tierras.

Gracias profundas le damos
de forma seria y sincera
a Luis Anseres que dio
tan gratificante fiesta.

Agradable resultó
y sugestiva la tierra
aquella de las cascadas
con sus aguas y sus presas:
fue nuestro postre geológico
de aquella etapa gallega.

En Mondoñedo de nuevo,
completamos la experiencia
viendo aquella catedral
tan recia  y tan recoleta,
cuya espiritualidad
es obvia en muros y piedras
y en la mirada de quien
con fervor verla quisiera.
———————————–

Terminó así   el Camino
de las etapas gallegas
que dejaron en nosotros
muy agradables vivencias,

Gracias, dicho sea en su honor,
a toda esa gente nuestra
que se desvive a diario
para que las  cosas sean
motivo de diversión,
pero también de riqueza
espiritual o acaso…
como cada uno lo quiera.

Cantares tuvimos luego
en nuestro viaje de vuelta,
gracias a la gracia de Rosa,
Rosa Gómez, por más señas,
que conoce como nadie
de las canciones leonesas,
su música y su buen ritmo
y, sobre todo, su letra.
Buen final siempre es la música,
sea cual sea la fiesta.
………………………………….
    Texto: Nicolás  Miñambres                                               Fotografía: Marta Román e Isabel Borrego


POR TIERRAS DE RIBADEO

Me dice Marta Román,
(cosa en que yo estoy de acuerdo)
 que debemos escribir
todo lo de Ribadeo.
Que ella se va de vacances
y si hecho no lo tengo
al blog  debo yo subirlo…
¡Madre mía, santo cielo…
porque yo hago lo que sea
mas en el blog no me veo:
eso veo eso yo más difícil
que…conseguir ir al cielo.
Rosa también me lo haría
pero, como Marta, veo
que anda con su santo Rafa
por ahí, de cuchipandeo.
Y aunque internet lo hace todo
alguna cosa yo veo
que tiene que hacerla uno…
esté bien o esté mal hecho.
Mas vayamos a la esencia,
centrémonos en lo nuestro.

            *   *  *
Volviendo a Rosa quería,
volviendo a ella yo debo
advertiros lo que oí
y que creer yo no quiero:
Me dijo uno de estos días
“esta vez, de fotos, tengo,
poquito, poco, muy poco,
muy poquito y no bien hecho”.
Pero yo no le he creído,
me sonaba como a cuento,
como si  ella, exigente,
hubiera tenido miedo
de que esas fotos suyas,
aquellas que ella había hecho
no fueran de calidad,
pero lo que yo ahora pienso
es que su intensa actitud
la lleva a juicios que, creo,
son fruto de su exigencia
Y fruto de sus esfuerzos.
y, además debo decir,
que, después de Ribadeo,
allá en Las Catedrales
allá con su compañero
Y creo yo recordar
que yo la vi de modelo:
no cargada con la cámara,
pisando allí en los esteros
que el agua iba formando
en su remanso sereno.
                *   *   *
Y mucho me extraña a mí
que aquel paisaje tan bello
no le fuera un buen motivo
para esos bellos reflejos
que con su cámara capta
desde cerca y desde lejos.
Que, como en otros caminos,
en ese del  norte vieron
todos nuestros peregrinos
maravillosos muestreos
Florales,  que nos dejaban
casi, casi…sin aliento.
Rabia nos daba allí a todos,
en caminos y senderos,
ver aquella variedad
de colores y floreos
pimpantes  entre las zarzas
o entre los cardos más recios.
Dos matojos nos llevaban,
casi al encabritamiento:
los de hortensias y de calas…
enhiestas como un lamento
en el que el sol se refleja
mientras las acuna el viento.
De hortensias y calas hablo
porque son las que yo creo
que más familiares son
a estos leoneses romeros.
No me extraña que allí alguno
dijera no muy contento:
¡La madre que las parió…!
Y las que en León yo tengo
ni me crecen ni  me adornan
a pesar de que en mi huerto
horas y horas echo yo
y kilos de abono echo!”
Si enumerar yo debiera
las flores que allí se vieron
tratados yo de botánica
tendría que aprenderme luego.

                   *   *   *
Pero en fin, también yo digo,
decir de  inmediato debo
que ni en Galicia ni Asturias
tienen este sol intenso
que nos da esa simpatía
a los de este viejo  Reino.
¿O acaso no son simpáticos,
no son un modelo excelso
de elegancia y de finura
los de este reino tan viejo?
¿Dónde va “usté” comparar
de este leonés su gracejo
con la pesadez que hablan
casi todos los gallegos?
Oír a un leonés parece
de la música el destello
más fino que dios nos dio
a estos del bendito reino.
En cambio… si uno oye hablar
a cualquiera en su gallego,
nos parece lengua torpe,
sin entonación ni acento.
Ya lo decía la Pícara
Justina, de  quien recuerdo
que los leoneses bien son
Moridos por su terreno…
Moridos” dice precisa,
por su tierra, aunque me temo
que exageraba Justina
en ese juicio, tan…tierno.

            *   *   *
Más cosas debía decir
más cosas…de Ribadeo,
experiencia que a  Marita
trajo recuerdos muy bellos,
entrañables y nostálgicos
de aquellos años primeros
cuando, como profesora,
llegaba  a estos terrenos
con su belleza radiante
y su académico celo,
…¿Cuánto hace de aquel curso?
¿Cuándo hace que fue eso?
veinte años parecen muchos,
no más de quince yo pienso
al ver su jovialidad,
su dinamismo y su aliento
para todo lo que deba
ella hacer con sentimiento.
Con ella acaban los ripios
surgidos en Ribadeo,
y de aquellas Catedrales
La playa, de gran recuerdo,
Góticas cual nuestra pulchra,
La asociación y ese templo.

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Nicolás Miñambres






Fotografía: Marta Román