31ª Historias y leyendas…Villafranca en el Viejo Camino de Santiago

31ª Historias y Leyendas El Viejo Camino de Santiago en la provincia de León.
             
 Rosa Fadón y Rafael Cid

De Cacabelos a San Fiz llegamos a nuestro final feliz
Los peregrinos encontrarán historias y leyendas por todo el Camino de Santiago.

31 Villafranca

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En Cacabelos madrugamos para seguir el Camino, no sin antes encomendarnos a la Virgen de la Quinta Angustia que guarda una de las leyendas relacionadas con siete hermanas que peregrinaban a Santiago y fueron milagrosamente transformándose en imágenes de la Virgen. Comienza esta leyenda en Foncebadón, donde la mayor de las hermanas se quedó curando a la más pequeña que tenía ampollas en los pies, de esas que atormentan a menudo a los peregrinos para expiar nuestros muchos pecados…  

Las otras cinco hermanas exploraron los hermosos parajes de los alrededores del Camino, por los que se perdieron. Así que la hermana mayor para encontrarlas al atardecer subió al pico de la Aquiana y fue entonces cuando contempló el prodigio: sus hermanas esparcidas por diferentes lugares del Bierzo brillaban como por arte de magia, más que las estrellas de la Vía Láctea. Ante tal contemplación la hermana mayor quedó petrificada allí mismo en la Aquiana, donde los pastores del lugar le construyeron una ermita.

Cuando las buenas gentes de esos lugares tuvieron conocimiento de tal cosa, fueron construyendo las ermitas para las demás, allí donde fueron encontradas. Ya hemos pasado nosotros por algunas de ellas, hablando en anteriores reportajes, como por la Virgen de la Peña. A las otras peregrinas se las encontró, cerca del castillo templario en Fonballa la una,  otra en Llamas de Cabrera, otra en Valdeprado pues se extravió y se dirigió al norte hasta el arroyo del mismo nombre y otra más en el valle de Fornela. La ermita de la Quinta Angustia se construyó aquí en Cacabelos para la peregrina que se quedó junto al río Cúa. Pero ¿qué fue de la más pequeña? Ella creyó que había sido abandonada, imaginándose ser una carga para sus hermanas. Entonces fue a esconderse a un bosque cercano a Manzanedo de Valdueza donde también la construyeron una ermita, la de la Virgen de los Escayos. Si os fijáis esta piadosa leyenda de las siete Vírgenes señala los lugares míticos del Bierzo, a los que todo peregrino debería acudir para hacer un alto en el Camino, para visitarlos e impregnarse de su paz.

La leyenda de las siete Vírgenes señala los lugares míticos del Bierzo.

Sigamos tras los pasos que en el año 902 llevaba Leodegundia en su peregrinar:

 “Al llegar a Cacabelos la princesa fue a ver Villabuena donde disfrutó de descansar y visitar el palacio y a sus gentes con quienes vivió su niñez. Y por San Clemente, a través de muchas huertas fuimos hasta un pueblo que llaman Burbia donde se juntan dos ríos, que fue donde don Bermudo perdió con los moros y dejó el reino a don Alfonso, el de las dichas de conocer la noticia del sepulcro, visitarlo y protegerlo.”    “Vexu Kamin” de D. Julián González

Así que caminamos hasta Villafranca, para llegar a San Fiz donde dimos por terminado nuestro Viejo Camino de Santiago, ya que aquí termina el documento diciendo que siguieron a Santiago por:  “las sendas que vos bien conoce en los lugares de su vida de joven junto al Señor”   San Froilán, que era a quien iba dirigido el relato no necesitaba más indicaciones del trayecto.

Al llegar a S. Fiz dimos por terminado nuestro Viejo Camino de Santiago, ya que aquí acaba el relato del documento.

Villafranca , que anteriormente se llamó  Burbia junto al lugar de la derrota  de Bermudo, Villafranca de Bucca Vallis Carceris como se la llama en el códice Calixtino.

En el Siglo XI se fundó el burgo de los francos Villafrancorum  de señorío real, después de los Osorio hasta que en 1486 se creó el marquesado de Villafranca. Hubo un tiempo en que fue capital de la provincia del Bierzo. Ahora lo más importante para los concheiros que andamos por el Camino es que el Papa Calixto II concedió a su iglesia de Santiago  un privilegio por el cual, los peregrinos que no pudieran proseguir a postrarse a los pies del Apóstol por encontrarse enfermos  ganaban el jubileo aquí, eso sí, con tres requisitos: confesar, comulgar y rezar a Dios por el papa Calixto y sus sucesores…

Pero nosotros después de degustar la estupenda gastronomía berciana, nos encontramos fuertes para seguir.

No tenemos espacio aquí para contaros todas las bellezas de la ciudad elegimos el convento de San Francisco, para rendir tributo al Santo peregrino y a uno de los poetas más importantes que han dado estas tierra y que descansa para siempre en este lugar, Enrique Gil y Carrasco.
A medio camino entre Villafranca y Cornatel junto a una  frondosa vegetación divisamos la iglesia del antiguo monasterio de San Fiz de Viso, fundado en el siglo VII por S. Fructuoso, obispo berciano con sangre de nobleza goda. Conocemos su vida gracias a S. Valerio  “Vita Sancti Fructuosi” que cuenta entre sus hazañas la de matar un dragón que asolaba la comarca cercana a San Pedro de Montes.

La Iglesia actual es de finales del XII. Nos sentamos junto a su entrada donde el guarda del monasterio  contó  que durante una de las restauraciones se encontraron en la zona próxima al altar los restos de gruesas paredes probablemente de una cisterna de agua y que el interior de la iglesia fue utilizada como cementerio.

Nos chocó el nombre del monasterio San Juan de San Feliz, parece una repetición de nombres pero resulta que la iglesia del monasterio perteneció a la orden de los hospitalarios de San Juan de Jerusalén y posiblemente con anterioridad a los templarios según indican los paneles.

En San Fiz  los monjes regalaron al cortejo de Leodegundia: 

“vino muy curado y unas escudillas cerradas con lo que llaman orujo y cerezas de su huerta, también comimos botillo que tanto gusta a usted (San Foilán). Allí nos contaron la historia del Peregrino que por no tener para la comida y para la posada le despojaron de su tabardo y del sombrero y al llegar a Santiago allí estaba junto al sepulcro y regresó con ellos muy contento.”

Recordamos que esta misma historia la contó muy bien entre música de gaitas bercianas,  Jovino Andina en un programa de radio sobre el Viejo Camino, en el que también participábamos nosotros.

Vimos pasar a unos peregrinos y sentimos deseos de acompañarlos hasta el mítico enclave del Cebreiro. Como en otras ocasiones visitar su iglesia, recordar la leyenda griálica, rendir homenaje junto a su monumento a D. Elías Valiña gran impulsor del Camino, contemplar las pallozas y la arquitectura tradicional y si la climatología nos lo permitiera, observar las magníficas vistas de las sierras do Courel y os Ancares, pues no en vano nos encontraríamos a 1290 m. de altitud.

En el siglo IX se fundó en el Cebreiro un monasterio regido por frailes de San Giraldo de Aurillac durante casi 400 años. El templo prerrománico conserva la talla de Santa María la Real de O Cebreiro, patrona de la comarca. Si la observáis con detenimiento comprobaréis que tiene la cabeza inclinada. ¡Es por el milagro de la transustanciación! Cuando en la Edad Media el pan y el vino se transformaron en carne y sangre de Jesús.

En la capilla de la derecha veréis el cáliz conocido desde entonces como “el grial del Cebreiro” y las ampollas en las que aún se conserva la prueba de la transustanciación, que fueron donadas por los Reyes Católicos. Esto también tiene su leyenda pues la reina Isabel consciente de la magia, trató de llevarse consigo el fruto del milagro, pero los caballos que transportaban las reliquias se negaron a seguir cuando llegaron a Pereje, cerca de Villafranca e Isabel comprendió así que debía devolver lo sustraído. Milagros o física cuántica, según el gusto de cada cual, no podéis perderos la oportunidad de rememorar estas historias.

Pero en esta ocasión, nosotros lo dejamos aquí en S. Fiz porque la narración de  los pergaminos del Vexu Kamin aquí termina.

A los que se animen a seguir queremos deciros que no os faltarán hermosas historias y leyendas como las que os hemos contado y otras muchas, para acompañaros durante este trayecto vital que también es Vía iniciática y que una vez que volváis de Finisterre os hallaréis transformados.

 

Foto 1: Rafael Cid: Villafranca, puerta del perdón
Foto 2 : Rafael Cid: Villafranca, Sepulcro de Gil y Carrasco

Foto 3: Rafael Cid: S. Fiz de Viso

Texto y fotos de Rosa Fadón y Rafael Cid

Centro de Día S. Andrés del Rabanedo. Camino Francés: Villafranca del Bierzo- O Cebreiro

         Nuestra sexta etapa ha estado impregnada de la más pura de las naturalezas. Seguimos con amenaza de lluvia, veintiocho kilómetros desafiantes y una subida a O´Cebreiro que representaba el segundo gran reto de esta aventura. Cada día hay que madrugar más pero como viene siendo habitual este hecho no desanima a nadie. Allí estábamos todos con ganas de compartir un nuevo día y llegar a tierras gallegas.

La presencia de peregrinos de distintas nacionalidades aumenta de mes en mes, eso reconforta tremendamente al grupo, este grupo que no domina ningún idioma pero cuando se cruzan con otros peregrinos parecen dominarlos todos, no tienen ningún problema.
La salida desde Villafranca del Bierzo, donde un túnel nos absorbió permitiendo adentrarse en  un espectacular paraje, a partir de ese momento todos los elementos habidos y por haber de la naturaleza nos iba arropando entre sus brazos de manera totalmente calida y desinteresada.

El susurro de las aguas del río no cesaba de endulzar nuestros oídos, el verde intenso de  los valles llenaba de color la retina de nuestros ojos, la lluvia  en esta ocasión no representó obstáculo y parecía nuestra aliada, en algunos momentos se retiraba a sus aposentos y entonces venía el sol a secar nuestros atuendos.
Proseguimos hasta llegar a Pereje y  sin detenernos seguimos en dirección a Trabadelo hasta llegar a Portela. Estas localidades nos acogen amablemente sus gentes nos saludan esbozando una sonrisa. Nuestros peregrinos hablan con sus gentes comparten emociones y abrazos.

No hay muestras de cansancio sino todo lo contrario de continuar.  Sin apenas darnos cuenta cruzamos Ambasmestas, Vega de Valcarce hasta llegar Ruitelán. Hemos ido absolutamente ensimismados con el paisaje  que cada vez se muestra más espectacular. En nuestro caminar mantenemos conversaciones entre nosotros que sin darlos cuenta van estrechando más nuestra amistad. Los momentos de silencio  de cada uno de nosotros se respetan con la mayor naturalidad.

Después de la comidallega el momento de decidir quienes continúan el difícil tramo que nos lleva de Ruitelán a O Cebreiro. En estos meses hemos aprendido a medir nuestras posibilidades. Unos pocos deciden ir en autobús directamente a O Cebreiro son conscientes de la dureza de la etapa y de sus posibilidades; Soy consciente que esta decisión no es fácil para ellos por eso me parece una actitud valiente.  
El resto seguimos con una duda ¿seremos capaces? Nos han dicho que  hay dos caminos: por la carretera  recomendada para ciclistas o por la opción de caminantes que si bien nos han dicho que es más bonita es mucho más dura sobre todos si ha llovido. Tomamos la decisión todos juntos: ¡el camino!

Desde Ruitelán llegamos con una suave lluvia a Herrerías donde empezamos la ascensión. De repente claros de sol nos sorprendían y alentaban a seguir, el ritmo se fue adecuando a nuestras fuerzas. Claramente el camino se fue complicando debido a las lluvias y tuvimos que extremar las precauciones para evitar las caídas, pero realmente el camino era espectacular había estampas como sacadas de un “cuento de hadas”, el musgo, el verdor de los campos, los árboles…

 Llegamos a Faba, la lluvia comenzó de nuevo  quedan 4,7 Km. y se presentan difíciles con la lluvia pero el grupo sabe que no hay marcha atrás deciden continuar. Todos se ayudan en este último tramo, dando ánimos, esperando unos por otros, mirando  hacia atrás y mirando hacia delante. Es cuando nuestro compañero Secundino, con su sentido del humor adopta la postura corporal como si de una señal del camino se tratase  y nos indica el camino. Así que decidimos seguirle…

Llegamos a Laguna de Castilla, son los últimos retazos del camino, allí nos sorprenden sus casas, sus gentes y sus animales, que salen a  nuestro encuentro indicándonos el camino a O Cebreiro.

Y apenas a medio  a un kilómetro de O Cebreiro, todos miramos atrás. La sensación de satisfacciónera tan enorme como el cansancio. Empapados de agua, con nuestras botas llenas de barro, nos quedamos contemplando el paisaje y estoy segura que a todos nos llenaba el mismo sentimiento: ¡Ha merecido la pena!  

Y fue así como llegamos a O Cebreiro, donde nos esperaban nuestros compañeros en una palloza con un café caliente y pastas como viene siendo habitual, pero lo mejor de todo la fiesta que se habían preparado con las gentes del lugar. Música de gaitas, tambores, panderetas todos bailando  olvidamos el dolor de nuestras piernas y nos unimos en un baile que iba más allá de lo puramente lúdico. Una etapa más se ha concluido y el sentimiento de continuar cada vez es mayor e imparable.

Eva García S.

Centro de Día S. Andrés del Rabanedo. Camino Francés: Ponferrada- Villafranca del Bierzo

Después de transcurrir la Semana Santa ha llegado el día 14 de Abril. Los días antes de la salida no hemos cesado de mirar el pronóstico del tiempo: lluvia y nieve… El grupo siempre se reúne tres días antes de la salida para ultimar los detalles de cada etapa que vamos a realizar. En esta ocasión debíamos tomar la decisión de seguir adelante o posponer la salida antes las previsiones metereológicas. Sin dudarlo el grupo lo decidió sin titubeos: ¡Salimos! Eso si, con chubasquero.

Afrontamos nuestra quinta etapa: Ponferrada- Villafranca del Bierzo, en kilómetros ha sido la más corta y de escasa dificultad, la única adversidad la posibilidad de lluvia o incluso nieve. Así salimos como cada sábado a primera hora de la mañana conscientes de que podían surgir cambios y modificaciones en el itinerario previsto.

Mientras avanzábamos  por la carretera descubrimos que el número de peregrinos había aumentado considerablemente desde la última vez, e ilusionados nos pusimos a contarlos llegamos a unos veinticinco  hasta que los perdimos de vista, entramos en el puerto Manzanal  y tomo protagonismo el agua nieve… 


Al llegar a Ponferrada la amenaza de lluvia nos hizo situarnos directamente en Fuentes Nuevas  con la idea de avanzar lo más rápido posible ante el temor de que el día se cerrara en agua y no pudiéramos caminar nada. Con esta difícil decisión nos pusimos todos nuestros atuendos  y  comenzamos a caminar, en apenas dos minutos comenzó a llover, pero continuamos con agua y todo.


Es sorprendente el valor de todos y todas que no dudaron ni un segundo. El camino como siempre nos siguió ofreciendo sorpresas, no sólo por el entorno que estaba comenzando a variar considerablemente  sino también por las condiciones del agua, esto nos hizo ir variando los ritmos y realizar un camino más intimo pues la lluvia nos hacia caminar de manera más solitaria pendientes de no mojarnos, tropezar, resbalar … experimentando nuevas sensaciones.  Mientras la naturaleza que nos rodeaba mostraba un total agradecimiento al agua tan esperada.  Prueba de ello el feliz caracol que se nos cruzó en el camino al cual respetamos su marcha, pero no seguimos su ritmo.


Sin apenas darnos cuenta llegamos a Camponaraya en dirección a Cacabelos, seguimos sin pausa adentrándonos paulatinamente en unos campos llenos de cepas de los viñedos mostrándonos señorialmente sus feudos en tributo a sus señores dominantes de la comarca “Los vinos”.


La lluvia ceso y eso nos permitió ir reagrupándonos y retomar nuestras conversaciones  para compartir sentimientos y sensaciones. El paisaje nuevamente nos dejo huella y nos acercaba  a la cultura de nuestra tierra del Bierzo. Nos cruzamos con otros peregrinos de Corea, Italia, Alemania…. Y nos sentíamos orgullosos de disfrutar de esta experiencia tan universal, donde todo el mundo te mira con una sonrisa y te desea “buen camino”.  Nos gusta formar parte de esta aventura.



Llegamos a Cacabelos localidad donde la presencia y señales del camino nos acompañan en todo momento, así como la mirada de sus gentes, tomamos un café caliente. Decidimos seguir hasta Villafranca del Bierzo pues las fuerzas nos lo permitían al igual que un tímido sol nos lo facilitó. Cruzamos el puente de Cacabelos dejando el río Cúa a nuestra derecha en dirección a Pieros. El entorno era espectacular, arropados y abrazados por campos y campos de viñedos ¡Qué belleza! 


Llegamos a Pieros, animados como nunca íbamos como alma en pena en busca de cualquier muestra urbana que nos indicara la tan esperada llegada a Villafranca del Bierzo. Fue entonces unos kilómetros antes cuando la lluvia decidió acompañarnos en el ultimo trayecto y todo hay que decirlo  la aceptamos como acompañante y seguimos hasta vislumbrar la Iglesia de Santiago donde nos reagrupamos para coger nuestra comida y ropa seca, dirigirnos a el albergue y comer nuestras viandas.



Comenzó el ritual de la comida en el cual ya sabéis que todo el mundo comparte todo, desfila el chorizo, jamón, queso… y siempre nos quedamos sorprendidos con el menú de Carmina… sopas en cazuela de barro ideales para un día como hoy, no podéis negarnos que el grupo tiene un humor considerable. 


Finalmente nos despedimos dando las gracias al hospitalero del Albergue Municipal de Villafranca por su impecable y calurosa acogida.  Subimos a nuestro autobús de regreso a casa, con una parada en Ponferrada para tomar café y hacer parte del camino que no pudimos hacer por la lluvia, para volver reconfortados mientras nuestras acompañantes más jóvenes caían en un profundo sueño fruto de un día realmente duro.


Una nueva etapa queda realizada y os puedo asegurar que hemos aprendido más cosas sobre lo que es “hacer el camino” con un grupo de personas que están luchando y desafiando sus limitaciones físicas que por la edad o por la salud les acompañan, donde cada día tenemos que hacer un profundo ejercicio de saber respetar los ritmos de cada uno y aceptar los puntos de vista y opiniones de cada cual. Treinta y dos miradas contemplan un paisaje pero es curioso cada uno prestamos atención a cosas distintas, unos el cielo, su color, intensidad, fuerza, otros la tierra, las piedras, otros los árboles, otros los sonidos de los animales, las cigüeñas, los caballos, perros, otros el olor que la lluvia deja en el ambiente… y todos rescatan de la naturaleza pinceladas distintas  para seguir el  mismo camino.



Eva G. S.