Medina de Rioseco – Cuenca de Campos.

El pasado domingo 25 de enero, a las 8:30 de la mañana, nos reencontrábamos en la Plaza de Santo Domingo para iniciar la primera etapa del año en el Camino de Madrid, según nuestro calendario 2026. Con frío y aún algo adormilados tras las Navidades, la directiva nos llevamos una grata sorpresa: una participación masiva que incluso desbordó previsiones. Fuimos dos autobuses completos (110 peregrinos) y varios socios en lista de espera que, en esta ocasión, no pudieron acompañarnos.
La jornada nos llevaba a recorrer la etapa 11ª, entre Medina de Rioseco y Cuenca de Campos, con buena parte del trazado junto al histórico Canal de Castilla. A nuestra llegada nos recibió una nutrida representación de la AACS de Medina de Rioseco, que nos guio por las calles de esta localidad cargada de historia hasta alcanzar la emblemática Iglesia de Santiago Apóstol, punto de inicio de la etapa.

Allí no solo sellamos credenciales, sino que disfrutamos de una auténtica joya arquitectónica. El templo, de base gótica, combina estilos debido a los 150 años que duró su construcción. Destacan: la plateresca fachada sur, la fachada principal que es clasicista, las tres naves con altas bóvedas sostenidas por 20 columnas de 35 metros, el Coro con un precioso órgano policromado y el retablo mayor de estilo barroco y que está coronado por el célebre “Santiago Matamoros a caballo”, evocando como leyenda, la batalla de Clavijo.


Tras las fotos de grupo y familia, el presidente de la asociación anfitriona tuvo el detalle de entregar unos recuerdos a nuestro presidente, Anselmo, en un gesto de hermandad jacobea.

Continuamos por la plaza del Ayuntamiento y la Iglesia de Santa Cruz que alberga el Museo de Semana Santa, y una calle más arriba, conocimos la popular leyenda del Lagarto de Medina. La tradición habla de un cocodrilo que atemorizaba a la población, pero la realidad es más viajera que fantástica: la piel disecada que cuelga en la iglesia de Santa María fue un regalo traído de América en el siglo XVIII por Manuel Millán, riosecano y alcalde en México. Hoy, el “caimán” es símbolo de la ciudad.

Sin más demora, y antes de partir, nuestro presidente impuso el pañuelo amarillo, símbolo de nuestra Asociación “Pulchra Leonina”, a nuestro anfitrión como gesto de agradecimiento y fraternidad jacobea. Tras este pequeño pero significativo acto, nos dirigimos a la dársena donde finaliza el Ramal de Campos del Canal de Castilla, obra pública terminada en 1849 y casi un siglo de trabajos. Está concebida para transportar cereal y lana hacia el norte, convirtió a la villa en un núcleo clave de comercio e ingeniería ilustrada. Hoy es Bien de Interés Cultural y un atractivo turístico de primer orden.

Entonces comenzamos a caminar paralelos al canal, entre choperas desnudas, con la llanura castellana desplegada ante nosotros y un tiempo tranquilo y algo despejado. Pronto divisamos, a nuestra derecha, la imponente iglesia de Villanueva de San Mancio y, más adelante, la torre del Castillo de Belmonte de Campos, vigía silenciosa del pasado.

Al llegar a la Esclusa nº 7, el viento del oeste nos puso a prueba. El avance se volvió incómodo, pero la jornada nos regaló un oasis en Tamariz de Campos, punto medio del recorrido. Allí nos acogió Lorena, uruguaya, peregrina antes que vecina, que regenta el albergue parroquial y su pequeño bar con una hospitalidad sin igual y, que resume el espíritu del Camino. Gracias Lorena.
Retomamos la marcha por el arcén de la VP-4008 hasta Cuenca de Campos, final de etapa. Los 10 kilómetros restantes, los recorrimos por el arcén de la comarcal VP-4008; aun así, se hicieron duros por el viento frío y una fina lluvia, pero el ánimo se mantuvo firme.

Cuando llegamos, el trato fue excepcional por los parroquianos del pueblo. El Alcalde y suTeniente de Alcalde, a la cabeza,nos abrieron el albergue municipal con enorme amabilidad. También pudimos visitar, gracias al programa Museos Abiertos de la Diputación de Valladolid, la iglesia de los Santos Justo y Pastor, templo renacentista mudéjar del siglo XVI, con un impresionante artesonado y un retablo de gran valor.

Y como todo esfuerzo tiene premio, llegó el esperado momento de la mesa, el cobijo, y el calor del hogar en el típico restaurante “La Tata”. Allí nos esperaba un final de etapa memorable y ese premio merecido: los bocadillos de la mochila, las cervezas, risas, café, la partida…; para quienes reservaron mesa y quisieron darse un homenaje, las auténticas delicias de la casa como: tablas de embutidos, lechazo churro y pichones de Tierra de Campos o en su defecto, el plato del día sabroso y abundante.
Las condiciones meteorológicas nos impidieron acercarnos al antiguo Convento de San Bernardino de Siena, cuyo declive comenzó tras la desamortización de Mendizábal al perder las rentas que lo sostenían. Como curiosidad, su techumbre fue desmontada en 1925 y parte de ella terminó, tras varias ventas, en el castillo de William Randolph Hearst, en San Simeón (California). Desde 1967, el convento pasó a manos privadas y se utilizó como almacén agrícola. También quedó pendiente el mirador del Cernícalo Primilla, que visitaremos en la próxima etapa.
A las 17:30 h emprendimos el regreso a León, donde, antes de llegar y como manda la tradición, entonamos con orgullo: “Es León un cruce de caminos”. Ha sido un estreno de año espectacular. Estos pueblos mantienen viva la llama del Camino de Madrid hacia Sahagún, y nosotros seguimos sumando kilómetros, amistad y memoria compartida.
Gracias a todos por vuestra alegría y ganas de caminar. El Camino ya nos está regalando momentos inolvidables.

Texto: Pedro Antonio García Cordero.
Fotos: Félix Busto, Ino Marcos, Juanjo Robles, Pedro García, Fernando Alberdi y Enrique Alberdi.

