Domingo 21 de junio de 2026

Esta etapa 12ª del Camino Olvidado entre Taranilla y Cistierna fue especialmente emotiva por varias razones. Era nuestra última salida antes del descanso veraniego y nos acompañaron unos nuevos peregrinos: el grupo de chicos y chicas estudiantes de la Universidad Politécnica de Humboldt de California (EE. UU.) junto a su profesor, todos ellos llevando su pañuelo amarillo, distintivo de nuestra asociación.
Y antes de empezar con la crónica propia de ese día, queremos desde este blog dar las gracias, en nombre de todos los socios, nuevos peregrinos y miembros de la junta directiva a los cariñosos anfitriones que estuvieron a nuestro lado esa jornada, nuestros compañeros Cándido y su mujer María Ángeles. Nos habían hablado la etapa anterior de la belleza de la iglesia de San Martín de Valdetuéjar y gracias a ellos, tuvimos la enorme suerte de ver su interior.
Antes de empezar la etapa, paramos a tomar un café en Puente Almuhey porque no había establecimientos intermedios en el recorrido de la ruta. De allí nos dirigimos a Taranilla donde nos hicimos la “foto de familia”. Esta es una de las etapas más bonitas del Camino Olvidado porque discurre por el valle del río Tuéjar, el Santuario de la Virgen de La Velilla, la collada de Peñacorada y Cistierna; entre praderas, bosques de robles centenarios y grandes pinares. Pero ese domingo tuvimos que soportar las altas temperaturas de la ola de calor que hizo muy dura la etapa.

Después de Taranilla, a unos tres kilómetros, llegamos a San Martín de Valdetuéjar. Su origen se remonta al de un hospital de peregrinos. Aquí pudimos ver la iglesia románica de San Martín de Valdetuéjar, la más importante de la zona. Nos dieron un tríptico explicativo del monumento. Es del siglo XII con diferentes transformaciones posteriores. Fue declarada BIC (Bien de Interés Cultural) con la categoría de Monumento Histórico-Artístico en 1983. En su interior, la nave está cubierta con bóveda de sillería y destacan cuatro capiteles historiados. El retablo mayor es barroco y policromado y en la parte central está la imagen de San Martín. En la sacristía hay un pequeño museo que también pudimos conocer. En el exterior, en la fachada principal tiene dos losas con inscripciones y luego están las figuras de las sirenas: en la cornisa sur hay dos, y en la torre del campanario hay otras dos lo que nos lleva a recordar…
La leyenda de las peregrinas de San Martín de Valdetuéjar
“En tiempos medievales eran muchos los peregrinos que recorrían el Viejo Camino de Santiago a su paso por el Valle del Tuéjar y según la leyenda, en cierta ocasión llegaron hasta allí unas peregrinas que pidieron hospedaje en el albergue de la abadía de San Martín para descansar unos días. Pero, pese a la dureza del Camino, las jóvenes viajeras tuvieron tiempo también de divertirse por las noches bailando con algunos de los monjes del claustro, a los que sedujeron. A la mañana siguiente, los frailes se mostraban muy fatigados durante sus oraciones, algo de lo que pronto se dio cuenta el abad -cargo que la fábula atribuye a San Guillermo- y fue entonces cuando este castigó a las peregrinas convirtiéndolas en sirenas del río Tuéjar y a los monjes les condenó a trabajos forzados teniendo que construir la iglesia de San Martín tallando en ella sirenas como aviso a otros pecadores”.
También los vecinos cuentan que, si pasas por las lagunas de San Martín en la noche de San Juan y escuchas croar en el río, no son ranas sino las mujeres-pez que siguen purgando sus pecados por los siglos de los siglos.

Continuando la ruta llegamos a Renedo de Valdetuéjar donde se encuentran los restos de la muralla y del Palacio Fortaleza de los Señores de Prado, marqueses de Valdetuéjar, que estuvo ocupado desde los siglos XV al XVIII y también se conservan algunos escudos, ventanas y arcos en algunas casas próximas. La fachada del palacio fue trasladada a León y hoy preside la entrada del centro hospitalario Santa María de Regla. No pudimos visitar la iglesia, pero allí se conservan imágenes de gran tamaño de los Evangelistas del siglo XVIII y el retablo de la capilla palaciega con su heráldica. Cuando salíamos del pueblo, un matrimonio con el que hablamos nos dijo que solo ocho o nueve personas viven todo el año en Renedo.
Seguimos subiendo y llegamos a El Otero de Valdetuéjar.

Pasamos al lado de la iglesia dedicada a San Cipriano, donde había colocada una señal bien visible del Camino Olvidado y paramos a beber en la fuente que había justo después. Entonces se acercó un vecino y empezamos a hablar con él. En primer lugar, la conversación fue sobre el pueblo, pero luego una cosa llevó a la otra y el hombre nos contó un poco su vida. Era nacido en un pueblo cerca de Astorga, pero su mujer era de El Otero y se habían marchado hace muchos años a trabajar a Santurce, cerca de Bilbao. Allí tuvieron un bar, famoso porque daba el mejor café de allí. Y entonces nos dio la clase magistral de café. “El café natural es el mejor, nada de beber café mezcla o torrefacto” nos dijo. También nos explicó cómo hacer un buen café y, muy importante, cómo saber si el café que te sirven es bueno. Hubiéramos seguido más tiempo con él, pero no podíamos quedarnos más, había que seguir con la etapa, pero ¡lo que presta hablar con la gente del Camino!

Seguimos de frente hasta coger un desvío a la izquierda que nos señalaba el Santuario de la Virgen de la Velilla, a 300 metros de La Mata de Monteagudo. Situado a los pies de la montaña de Peñacorada es un lugar de culto muy antiguo. Con praderas, fuentes y sombras nos sirvió para descansar un rato. Tuvimos la oportunidad de ver su interior, el camarín, el lugar donde dicen se apareció la Virgen en 1470. Frente al Santuario se encuentra la Casa del Peregrino, lugar en el que antiguamente se daba cobijo a los peregrinos que venían haciendo el Viejo Camino de Santiago. En la actualidad allí venden recuerdos y nosotros pudimos sellar la credencial. Nos estampó el sello un miembro de la Asociación Cultural Amigos de la Velilla de La Mata de Monteagudo. Nos dejó hacer una foto del calendario de romerías que celebraban en el Santuario este año.Ese día se celebraba la de dos ayuntamientos, Prado de la Guzpeña y Cebanico y también nos dijo que la verdadera talla de La Virgen de la Velilla fue robada en 1979 y nunca apareció. La que está en el Santuario es una réplica de la original.
El Santuario de La Virgen de La Velilla era la parte intermedia de la etapa. Comenzó entonces la parte más dura hasta llegar al collado conocido como El Campurrial a unos 1323 metros de altitud. Si hubiésemos seguido ascendiendo unos 500 metros más habríamos coronado el imponente macizo calizo de Peñacorada. Desde el collado comenzaba el larguísimo descenso. Algunos compañeros se acercaron hasta el Mirador de los Rejos donde se observaba todo el valle del río Esla. Finalmente llegamos a Cistierna. Comimos el bocadillo y luego no vimos ningún monumento porque estaba todo cerrado. Pasamos por delante de la iglesia de Cristo Rey con su particular torre y pudimos comprar dulces típicos: lazos y teclas de San Guillermo. En otra visita nos acercaremos hasta la ermita rupestre de San Guillermo, patrón de Cistierna, que es del siglo X y donde van sus vecinos cada 28 de mayo para honrarle.
Cistierna tiene albergue municipal de peregrinos y es etapa de dos Caminos de Santiago, el Vadiniense y el Olvidado. Ambas rutas destacan por la singularidad de sus paisajes y la riqueza patrimonial de las localidades por las que pasan los dos caminos. Para más información se pueden consultar los siguientes enlaces:
https://www.rutavadiniense.com
https://www.caminoolvidado.com

Como todavía teníamos tiempo, después de tomar el café nos acercamos hasta la estación de FEVE. En ese momento había dos trenes de vía estrecha en las vías y en uno de ellos estaban montando algunos viajeros. Un señor nos indicó dónde estaba el Museo del Ferrocarril y allí nos fuimos. No era todavía la hora de apertura, pero Carmen, la guía, nos atendió amablemente y nos hizo una visita por parte de las instalaciones del Museo. Lo que no pudimos ver fue la proyección del documental y la maquinaria del taller. Aun así, fue un lujo poder observar la ropa y utensilios que utilizaban los trabajadores de la línea ferroviaria León-Balmaseda.
Volvimos al centro de Cistierna encontrando un banco a la sombra donde esperamos charlando con otros compañeros hasta la hora de marchar.
Llegamos pronto a León y nos comimos las teclas de San Guillermo con el profesor y los chicos y chicas de la Universidad Politécnica de Humboldt. Por lo que nos contaron les gustó mucho la salida peregrina. Esperamos que en el futuro se animen a volver y hacer el Camino de Santiago. En la sede de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de León “Pulchra Leonina” les recibiremos con los brazos abiertos. El Camino Olvidado se toma unas vacaciones y vuelve el 13 de septiembre con la etapa entre Cistierna y Barrillos de las Arrimadas.
¡Buen Camino!

Texto: Marta María Fernández Santos.
Fotos: Fernando Alberdi, Juan José Robles, Ramiro Martínez Ibán, Rosa Gómez y Marta María Fernández Santos.












































