El Centro de Día del Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo, realiza la 8ª y 9ª etapa del Camino Francés.

Día 5 de julio. Triacastela-Sarria
Día 6 de julio. Sarria-Portomarín .

Comenzamos esta nueva andadura con muy poquitas horas de descanso, ya que nuestro destino cada vez se encuentra más lejos de nuestro hogar.  En Ponferrada se incorporan Germán e Isabel, sobrinos de Josefina (nuestra abuelita que con sus 86 años está haciendo el camino).  Ellos nos han acompañado en alguna etapa y han decidido terminar el camino con nosotros.  
Cargados de entusiasmo e ilusión nos recibe Galicia con unas maravillosas vistas de nieblas en sus valles, parece un inmenso mar de algodón. Ensimismados en el paisaje llegamos a Vega de Valcarce para tomar ese deseado café matinal.
Reiniciamos nuestra andadura desde Triacastela. Nos aguardan bosques  de castaños, robles, álamos e incluso algún hermoso acebo que contribuye a potenciar el gran colorido incomparable de la naturaleza. Brotan frondosos ramajes, nuestra mirada no es capaz de retener todo lo que a través de ella se percibe. Esta riqueza visual nos reconforta con algo muy grato la sombra que nos protege del sol durante el camino. Igualmente se extienden enormes pastizales y numerosos rebaños de vacas sustento de las gentes de la zona. Y vamos atravesando diminutas aldeas que apenas consiguen llegar a la docena de vecinos. 
Descubrimos las sendas de las corredoiras y la constante presencia de las pequeñas cascadas. El río Oribio nos invita a cruzarlo en varias ocasiones y, en otras, viste su timidez con la vegetación que inunda  su vereda,  jugando con nosotros, pero dejándonos disfrutar de su relajante sonido.
El camino con ascensos y descensos nos permite recuperar altura entre pistas y estrechas carreteras comarcales que sirven de unión a las pequeñas aldeas. San Cristovo do Real  con una iglesia parroquial de 1693, dará nombre a la aldea. Continuamos hacia Ranche con su iglesia dedicada a Santiago, como muchas durante el camino. En este tramo nos encontramos con parecidas iglesias de piedra, pero cada una con su propio encanto. Llegamos a Lastres, su paisaje consigue que evoquemos a Rosalía de Castro.
Adiós ríos adiós, fontes
adiós, regatos pequenos
adiós, vista dos meus ollos
non sei cando nos veremos.
Freituxe con su iglesia dedicada a la Virgen de Saude (Salud), su cementerio contiguo, decorado por grandes panteones y rematado por dos pequeñas terrazas y flores de lis, cruz y cuatro pequeños torreones en las esquinas, simulan las cubiertas de una pequeña catedral. Todo ello aderezado de gigantes hortensias en tonos lilas y fucsia cargadas de hojas verdes decoran las entradas de las casas de sus vecinos. San Martiño do Real cuenta con una iglesia románica del siglo Xll. 
Y caminando… caminando… como si se tratara de un cuento de hadas, observamos al fondo del valle bordeado por un río, el Monasterio de San Julián de Samos.
Este monasterio fue fundado en el siglo Vl y reconstruido en el Vll y abandonado por la invasión musulmana. Posteriormente fue reconquistado por Fruela l de Asturias en el año 760. Siendo más tarde refugio de su viuda y su heredero. Este gesto consiguió la protección real y propició su crecimiento, contó con numerosos avatares siendo expulsado sus monjes y repoblado por nobles. Ordoño ll de León, recuperaría las estancias, instauró la regla de San Benito en el siglo XIl y se sumó a la reforma cluniacense, disfrutó de gran importancia en la edad media. La comunidad fue enclaustrada en 1836 con la desamortización de Mendizábal, finalmente los monjes benedictinos regresaron en 1880. En 1951 fue pasto de las llamas y reconstruido posteriormente.
Nos despedimos de Samos con un conjunto de tres esculturas homenaje al peregrino de hombre mujer y niño situados en una terraza, son el lugar escogido para hacernos algunas fotografías. Continuamos por Foxos con un homenaje a la piedra, bancos,  pequeños muros y una amplia zona recreativa completan el conjunto. Llegamos a Taiguin con su pequeña playa fluvial. Pascais cuenta con una iglesia llamada de Uxia. Continuamos hacia Gorolfe, el intenso y característico olor de la zona nos retrotrae a anteriores épocas.  En este punto se produjo un acontecimiento que pondría a prueba nuestra fuerza como peregrinos. Las cosas a veces ocurren y fortalecen nuestras debilidades. Y fue así como descubrimos  un lugar mágico A fonte das bodas, en Sivil regentado por Isabel y Enrique. Es un lugar mágico por varias razones: nos acogieron en su casa con los brazos abiertos, pudimos comer, beber, descansar tras una dura jornada y lo más importante nos ofrecieron su ayuda ante las dificultades que en esta ocasión se nos presentaron. Hicieron que lo que parecía imposible de resolver tuviera solución, nos demostraron un gran corazón, una solidaridad infinita… y me doy cuenta que los caminos más difíciles son los que concluyen en los destinos más hermosos.
A fontes das bodas ( con Isabel y Enrique )
Repusimos nuestras fuerzas e infinitamente agradecidos por la implicación de nuestros hospitaleros y ya pletóricos de ánimo retomamos nuestro camino. La aldea de Sivil, Perros y finalmente Aguiada. Estamos cerca del destino aunque no cesan de suceder anécdotas que siguen poniendo a prueba nuestra fuerza como peregrinos.  
Con un calor de justicia logramos llegar a Sarria donde nos espera otro ángel de la guarda: Jorge presidente de la Asociación de Amigos do Camiño De Santiago Na Comarca de Sarria  nos espera a las puertas de esta localidad con el sello, una manita y nos proporciona la intendencia para poder pasar la noche en diferentes albergues. Aunque nuestros planes para ese día eran otros, se ve que ese no era el camino, otras experiencias que nuestro Santo Apóstol ha querido que viviéramos nos aguardaban mucho más enriquecedoras  e inolvidables.

Con Jorge ( Asociacion de Amigos do Camiño de Santiago Na Comarca de Sarria ).

Lo vivido en esta jornada para mí ha sido algo especialmente bello, diferente y muy positivo.  Compartimos espacios, momentos y  a nuestra edad pude comprobar el esfuerzo por parte de todos por tener una buena convivencia. Respeto y armonía serán la seña dominante. Y vuelvo a aprender que nunca debemos  prejuzgar a ningún compañero, nadie es como yo y eso es lo enriquecedor.

Un día feliz no es aquel en que todo te sale bien, es el que te deja un recuerdo feliz para toda la vida.
Descansamos y después de un copioso desayuno, nos despedimos de Sarria, recorriendo parte de su casco histórico dónde se mezclan diferentes estilos arquitectónicos, unas grandes escaleras nos despiden del  lugar. El puente de Áspera, es el comienzo del fin, los últimos 100 kilómetros para conseguir la Compostela lugar escogido  por muchos peregrinos como inicio de su camino.

Protegidos por las espesuras de sus bosques, una incansable sucesión de aldeas, centenarios castaños nos reciben y despiden. Nos atrae uno de forma especial pues en su corteza se muestran formas caprichosas de la naturaleza, parecen criaturas del bosque como un pequeño ciervo, la cabeza de un conejo arropados por el verde musgo.

Nos rebasa a gran velocidad un joven fraile venido de otro continente con sus hábitos recogidos a ambos lados de la cadera, pareciera como si sus ansias de encontrarse con el Apóstol no le permitieran encontrar el sosiego. Unos metros más adelante, unos  jóvenes le solicitarían una foto, pero su única prioridad estaba en el reencuentro con Santiago, su experiencia mística no le permite descansar.

Atravesamos  Barbadejo, Rente, A Serra, y Peruscallo esta etapa definitivamente es hermosa. Y seguimos por Cortiñas, Lavandeira, y A Brea. La sucesión de aldeas y bosques lo convierten en un lugar mágico donde los postes de luz se visten de hiedra para ocultar su hormigón y vivir como árbol. 

En este tramo somos rebasados por un grupo de adolescentes de Sevilla que espontáneamente se arrancan a cantar por bulerías, nuestra compañera Conchi se une con su baile a ellas. Momentos así merecen la pena.

Momeiros, O Cortarlo, Marcadoiro, se suceden a nuestro paso, Moutras, Parrocha, Vilacha, y comenzamos nuestro descenso al valle del Miño.

Mi particular calvario se agudiza en este momento, mis pies ya muestran las primeras ampollas, la contrariedad se convierte en una gran experiencia, el apoyo moral de mis compañeros y compañeras hacen sacar a la luz lo mejor de cada uno de nosotros. Todo son ánimos, bromas, conversaciones que suponen un aliciente para seguir caminando.

La presa del embalse de Belesar anega este antaño fértil valle, mostrando ahora una especial belleza, podemos admirar el nuevo Portomarín, su iglesia fortaleza románica, de San Nicolás nos recuerda a la gran Notredame (París). El último tramo se manifiesta  especialmente duro pues al cansancio añadimos una última bajada en forma de túnel, entre piedras resbaladizas y con gran desnivel siendo nuestro último obstáculo antes de cruzar el río Miño.

Portomarín nos recibe con una gran escalera, rematada con la ermita de la Virgen de las Nieves, construida sobre uno de los arcos del antiguo puente romano. En el alto de la escalera percibimos la silueta de nuestro compañero José Luis, allí estaba esperándonos a los últimos del grupo, entre nosotros Blanqui su esposa. Con una energía inexplicable subimos la escalinata, llegando a la cima les cantamos como si de unos recién casados se tratara ¡que se besen! ¡Que se besen! Y muy sonrojados ambos como dos adolescentes se dieron un tierno beso, esto causo el alborozo general del grupo y rematamos  la escena con el paso de la pareja por el arco de bastones de peregrino.

Repuestas las fuerzas retornamos hacia casa. En el autobús evaluamos lo que hemos aprendido en estas etapas, momentos de reflexión en el que hacemos balance de la intensidad de estos dos días: hemos conocido personas maravillosas que nos han mostrado su apoyo incondicional, pero también reconocemos a compañeros de gran valía que nos muestran su apoyo absoluto.  No todo es perfecto, pero siempre intentamos ser positivos y dar importancia a las cosas que realmente la tienen.

Y de camino a casa hicimos un juego para amenizar el trayecto, antiguas fotos de cada uno de nosotros  pasaban por nuestras manos y teníamos que reconocer quien era cada uno.  Y descubrimos que detrás de cada uno de nosotros hubo una infancia, una juventud… en definitiva un pasado que forma parte de nuestro presente. Y seguimos hacia un futuro esperanzador, intentando dejar huella  y demostrando una vez más que la vida es bella.

Mª Lourdes Arias