13 de septiembre de 2026

¡Menos mal que no se olvidó este Camino!
La unión de los pueblos en la actualidad ha hecho posible que no caiga en el olvido un camino que traza el recorrido que utilizaban los peregrinos para sortear la zona de conflicto entre los antiguos reinos cristianos y musulmanes entre los siglos IX y XII.
El domingo 13 de septiembre, un grupo de peregrinos y peregrinas de la Asociación ‘Pulchra Leonina’ de León, recorrimos los 21,4 kilómetros de una de las rutas que despliega el hechizo de la naturaleza de la montaña leonesa con la sensación constante de la mirada traviesa del duende de los bosques, mientras el caminante ensimismado en sus pensamientos tiene la sensación de que en cualquier momento un trasgu saltará de los ceremoniosos y frondosos árboles y le hará burlas en medio del camino.
La etapa completa transcurre desde Cistierna hasta La Devesa de Boñar, aunque el recorrido se dividió en dos trayectos de libre elección. Los caminantes más entrenados se atrevieron con la etapa de un tirón.
Con el sonido de las aguas del río Esla, el camino descubre un paisaje que a cada paso muestra las huellas del pasado y del presente de la provincia. Cada metro recorrido escribe un episodio vital del transcurso del tiempo, como el refugio de pesca que toma el agua del canal de los Payuelos, justo al lado de donde se albergaban los peregrinos en el siglo XIX y lugar de mercados a ambos lados del puente medieval que conserva precisamente el nombre alusivo para no olvidar el trasiego de mercancías.
El camino olvidado es ya solo una manera de nombrar a un trayecto que gana cada vez más transeúntes expertos en pisar sendas para buscar, buscarse, encontrar y encontrarse.

No es este el espacio para leer lo que las piedras gritan al caminante, perfectamente descritas ya en otros textos más ilustrados sobre la iglesia románica parroquial mancomunada de Santa Marina o el santuario de la Virgen de los Remedios del siglo XIX, pero sí merece una parada obligatoria la iglesia de San Salvador en Yugueros, un respiro en el camino al que se accede tras superar un repecho exigente que despliega en todo su esplendor un valle impresionante bordeado por las vías del tren de Feve, que tanta vida trajo y se llevó de estos lugares que todavía respiran su pasado minero.

A los 8.200 metros de Cistierna, el alcalde de Yugueros, Ignacio Robles, espera a los caminantes como un san Pedro a las puertas del paraíso. Con dos grandes llaves de hierro, las originales del templo, y la que con el tiempo y las modas de herrería y forja actuales han conseguido que quepan en la palma de la mano. Mientras Ignacio explica la historia de la iglesia, suenan las campanas para anunciar que son las once de la mañana, un sonido fruto de la tecnología que imita al repique de otros tiempos utilizado para comunicarse con los vecinos. El alcalde, que vive en su pueblo todo el año junto a otros 55 vecinos (aunque esta localidad tuvo mejores momentos en los que convivían 400 habitantes), recordó el pasado medieval agricultor y ganadero de un valle al que la minería dio su máximo esplendor, un sector que trajo alegrías y desgracias a una tierra en la que raro era el año en el que esa fuente de ingresos no se cobrara alguna vida, como el accidente de 1954 con la muerte de 14 mineros.
El alcalde, a partir de un documento importado, explicó que el atrio de la iglesia de Yugueros se utilizó como escuela, para dar la catequesis a los más pequeños, niños y niñas que veían como sus mayores celebraban en ese mismo lugar concejos los domingos después de la salida de misa. O la costumbre de las Arcas, cuando los mayores del lugar llevaban a los más jóvenes a que conocieran in situ dónde estaban los límites del municipio, a 500 metros de Cistierna.

Lo más destacado de la iglesia es el retablo, restaurado en 2008 con fondos europeos a través de la Junta de Castilla y León, restauración que se mima con cuidado de no colocar flores ni velas cerca “que son sus mayores enemigos”. Cinco calles y tres cuerpos del año 1553 que son el orgullo de unos vecinos que hoy, 13 de septiembre, celebran su fiesta grande. Además del retablo, en el templo hay otras dos figuras destacadas, dos vírgenes, una pintada al óleo del siglo XVII y la figura románica restaurada con dudoso resultado. Es hora de que los peregrinos y las peregrinas dejen libre este espacio y sigan su camino porque ya se oye la música de fondo que se abre paso por las calles del pueblo para llegar hasta la ermita.
A partir de aquí, el camino se vuelve tan exigente como imponente. Las flechas amarillas hacen inconfundible el trayecto, bien señalizado, y muy cuesta arriba. La riqueza natural de la montaña, sus sonidos y sus olores, hacen más atractivo un trayecto por pistas de tierra, senderos forestales y caminos tradicionales protegidos por robledales y encinares, con una gran parte de recorrido con sombras y paisajes típicos de León. Toda una experiencia que Anselmo, el presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de León ‘Pulchra Leonina’, enriquece con datos, pasajes históricos y anécdotas. Algunos caminantes aprovechan la ocasión para recoger del suelo algunas manzanas silvestres que en esta época del año se han caído de los árboles y que desprenden un olor que recuerda a las casas de los pueblos cuando las abuelas las utilizaban como ambientadores naturales de las viviendas. Una vuelta a la infancia en pleno camino rodeado de matorral donde se dan un festival los olores de lavanda y pino.
Justo en este trayecto, cuando las piernas responden a un tramo exigente, la mente se consolida como la gran aliada de los últimos kilómetros, y te anima a mirar y comprender la belleza de un paisaje, la fuerza y a la vez la vulnerabilidad de unos árboles acosados cada vez más por los incendios que llaman ya de última generación por el ímpetu con el que han arrasado en pocas horas otras piezas de gran envergadura, que eran y son lo que de verdad somos. Se muestran en silencio, observándonos a nuestro paso, confiados y desprotegidos. Imponentes.
En lo alto de una de estas subidas (a cinco kilómetros desde La Ercina) se desfruta de las vistas de un inmenso valle verde; y al fondo, a lo lejos, Peña Valdorria y Pico Cueto.

Después de subir, ya se sabe lo que viene. Bajar y bajar, un recorrido en el que en este 13 de septiembre (quién lo diría en esta época del año en León) a las 13.00 horas, cae el sol a plomo. Un último esfuerzo por Acisa de las Arrimadas y Barrillos de las Arrimadas y la amabilidad de sus gentes, para llegar a La Devesa de Boñar, donde Mariana, la responsable del Teleclub, nos recibe con bocadillos, embutidos y tortillas de patatas preparadas para reponer energía después del esfuerzo. Algunos caminantes combinan la consumición en el teleclub con sus propias viandas. Tanto dentro como en las mesas colocadas en la plaza del pueblo, todas llenas y animadas, la comida y la bebida discurren entre charlas y risas. El alcalde pedáneo, Miguel, comparte conversación con los recién llegados, pone sellos en las credenciales de los peregrinos que lo solicitan y aprovecha para promocionar las fiestas que celebran en el pueblo el primer fin de semana de octubre, con gran despliegue de elogios y entusiasmo especialmente de la diana, de las comilonas y la fraternidad que se respira en las calles entre los vecinos, músicos y visitantes. Las calles reviven tiempos pasados y se llenan de jóvenes.
En la plaza, sentados a la sombra, con la montaña al fondo como mayor espectáculo, la jornada termina a las cinco de la tarde con el autobús de regreso a León. A la entrada de la ciudad, cuando ya se ve la Catedral de León, los peregrinos y las peregrinas entonamos el himno de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de León ‘Pulchra Leonina’. ¡Hasta la próxima etapa!

Texto: Carmen Tapia.
Fotos: Ino Marcos, Ramiro Martínez, Fernando Alberdi y Juan José Robles.












































